Torre de Fé

Génesis 11:1 a 9; Juan 1:5 a 14; 1a Juan 1:1 a 7

A través de los siglos, la humanidad se ha opuesto a la voluntad de Dios. Hemos buscado formas de controlar nuestras vidas y destinos. Hemos intentado ocupar la posición de Dios para nosotros mismos, buscando controlar el trono de los cielos. ¿Vale el esfuerzo? ¿Tenemos lo necesario para poder controlar nuestras vidas?

Dios quiso que la humanidad llenase toda la faz de la tierra. La divina orden era que la humanidad se multiplicase y llenase toda la tierra que Dios habia creado. Dios pretendía satisfacer todas las necesidades de la humanidad, por cual motivo la tierra habia sido creada. Yahvé había provisto água, luz, comida, una tierra fértil, y todo lo necesario para atender a las necesidades de la humanidad. Pero la humanidad no quiso obedecer. Eligió quedarse en un sitio, cuidando cada uno del otro.

La humanidad temía obedecer. No confiaba. La criatura no quiso ni depender del Creador, ni obedecer a Sus órdenes. En lugar de confiar en el amor y en la provisión de Dios, diseñó sus planes para tomar el lugar de Dios y tomar control de la creación. La humanidad empezó su proyecto de construir una torre enorme que alcanzaria hasta los cielos, alli para destronar el Rey del Universo y hacerse Señor en su lugar. La humanidad estableceria sus próprias reglas y haria su próprio camino.

La torre se empezó con materiales de segunda calidad—ladrillos no quemados y lodo en lugar de cimiente. No había chance de que se cumpliera su propósito de alcanzar a los cielos. Desde un princípio, este proyecto humano no tenia esperanza. El narrador toma como chiste que Dios ni pudo ver la torre desde el cielo, pero tuvo que bajarse hasta la tierra para verla. Esta magnífica estructura humana era insignificante. El prepotente proyecto humano no pasaba de chiste. Aún así, Dios no esperó a que terminara en desastre. Interviniendo, y una vez mas esparció a la humanidad sobre la faz de la tierra, esta vez a consecuencia de confusión por una multiplicidad de idiomas. La humanidad acabó por cumplir con la orden de Dios. Por otro lado, perdió la bendición de entrar en relación con el Creador en confianza, dependéncia, y obediéncia.

Si la humanidad hubiera confiado en Dios, no habria motivo por la ansiedad que llevó a la construcción de la torre. Planes jamás hubieran sido trazados para tomar la autoridad de Dios por fuerza. En vez de tomar una posición imposíble para sí, la humanidad podria haber aceptado el mejor camino: de servir de cuidador y mayordomo del Altísimo. La humanidad podría haber aceptado la presencia de Dios en su medio, un Dios interesado en sus vidas, proyectos, y futuros. Quedaron ciegos a la presencia, el interés, y el amor de Dios.

¿Estamos nosotros viviendo el mismo conflicto? ¿No batallamos de igual manera en contra de las instrucciones divinas a raíz de nuestras propias inseguridades y falta de fe en Dios? A veces, Dios nos llama a seguir caminos que nos traen angústia o incertidumbre. ¿Es Dios suficientemente fiel para que nosotros confiemos en Él? ¿Proveerá Dios nuestras necesidades cuando nosotros no podemos ver el futuro? ¿A Dios no le importan meros mortales, que por lo tanto deben de establecer sus próprios destinos por sus propias iniciativas?

Dios creó el mundo para satisfacer todas nuestras necesidades. Dios nos dió instrucciones para llevarnos por el mejor camino para nuestras vidas. Desde el pincípio, hemos actuado en contra de estas instrucciones y planes. Hemos intentado asumir la posición de Dios en nuestras vidas, pero no hemos podido cumplir con las demandas del cargo que asumimos.

En la cruz, Jesús reveló la grandeza del amor de Dios. Él dió su vida en demostración de las buenas intenciones del Creador. Jesús tenia todo derecho de rehusar la muerte de aquella forma, pero dió su vida en nuestro lugar. De forma dramática, él reveló la grandeza de nuestra rebelión y falta de confianza. Demostró cuanto luchamos en contra del Señorío de Dios. La cruz, sin embargo, era un poco distinta a la torre de Babel. En la torre, la humanidad no pudo ver la presencia de Dios en su medio. Pero Dios estaba presente. En la cruz, Dios no estaba solamente presente, pero nos ofrecía a la humanidad acceso directo al trono del universo.

Se nos ha otorgado acceso directo a Dios—el mismo Dios que creó carne humana en la cual habitar en nuestro médio y por la cual compartió su gracia con una humanidad errante y pecadora. Pero es necesário que confiémos nuestras vidas en sumisión y confianza a Dios para recibir la bendición de Su presencia. Esfuerzos humanos para tomar por fuerza el trono de Dios jamás lo podrán alcanzar. Al mismo tiempo, Dios está listo para traer el trono hasta nuestros mismos corazones y darnos acceso directo a Él.

¡Qué irónico! La humanidad quiso controlar el trono del universo, pero no lo pudo alcanzar. El Señor del trono estaba presente, pero la humanidad estaba mirándose solamente a si misma y no veía a Dios. En aquél mismo momento, Dios ofrecía acceso directo al trono del universo, pero la humanidad no lo alcanzaba por su propio intento de tomarlo por fuerza.

¿Qué haremos con el aceso que Dios nos há dado? ¿Estamos listos a aceptar nuestra necesidad de confiar en Dios y recibir la bendición de Su presencia? ¿Estamos aún buscando usurpar un trono que jamás será nuestro? ¿Adónde pondremos nuestra fé? ¿En una torre siendo construida por esfuerzo humano que jamás llegará al cielo, o en aquel Dios que camina en medio nuestro? ¿Pondremos nuestra confianza en estructuras, instituciones, y hechos de orígen humano, o la pondremos en Aquél que nos creó a nosotros y el mundo en que vivimos?

La torre fue hecha con los esfuerzos de manos humanos. La cruz empezó con Dios. Las estructuras humanas se desharán y desbaratarán, pues sus cimientes y materiales no son eternos. Los propósitos y los planes de Dios se extienden desde antes de la creación. Él es la cimiente; Él es el camino; Él es el que da la vida. ¿En qué pondremos nuestra confianza? ¿Sobre qué edificaremos nuestras vidas? ¿Dónde hemos de poner nuestra fé?

—©Copyright 2004 Christopher B. Harbin