Provisión a Distancia

Génesis 24:1-20

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

25 de abril de 2010

Abrahán había salido de las tierras de sus antepasados, peregrinando con Dios a una tierra distante. No era simplemente su camino que le distinguía de las gentes en cuyo medio andaba. Conforme el testigo de los judíos, la diferencia primaria entre Abrahán y sus vecinos era una distinción religiosa. Es de esa perspectiva que los judíos leían la narrativa de la búsqueda de una esposa para Isaac. No habría de tomar una esposa para su hijo de entre los habitantes de Canaán, más que nada por sus formas de culto a los dioses paganos.

Comprendía-se que hay influencias religiosas muy importantes en la formación de una nueva familia, influencias que pueden definir la identidad religiosa de la generación posterior. Para evitar tales influencias externas entre los judíos, evitaban que los hijos se casaran con las mujeres de otras naciones. Llegó a ser parte de la ley mosaica que no se casaran con mujeres de otros países. En ciertas épocas de la historia se ignoraba ese aspecto de la ley, pero en épocas posteriores se aceptaba la prohibición como muy importante. Su propósito era religioso, procurando mantener la pureza del culto a Yahvé en contraste a la idolatría de las naciones que rodeaban a la nación escogida.

En el esfuerzo de Abrahán por encontrar una esposa para su hijo de entre sus familiares, los judíos miraban la necesidad de la nación por celar en mantenerse puros delante de Dios. Hay otro aspecto de la narrativa, entretanto, que era tan importante como la búsqueda por una esposa digna para el heredero de Abrahán. Era la actuación divina en proveer la esposa adecuada desde muy lejos para Isaac.

Abrahán estaba en edad muy avanzada. Su esposa había fallecido y se preocupaba con encontrar una esposa para su hijo. El contexto social era muy distinto de la de hoy. Era la función del padre buscar una esposa para su hijo. No existían las consideraciones actuales de un amor romántico, de la iniciativa de jóvenes en hacer sus propios arreglos matrimoniales, ni de una mutualidad entre iguales. Era más como un arreglo económico que proveía por las necesidades del hijo.

No es bien así que hoy día consideramos el matrimonio. No es bien así que Jesús retrataba a la mujer y al matrimonio. Jesús trataba a las mujeres en demostración de su propio valor, confiriéndolas oportunidades que su sociedad limitaba a los varones. Hablaba con ellas como teniendo el mismo valor que un hombre. Ofrecía las mismas oportunidades de aprendizaje a ellas que a los demás de sus discípulos. Fue a ellas que se encargó el mensaje original de su resurrección. Entretanto, en ese momento en la vida de Abrahán, miramos un retrato de arreglos antiguos para la compra de una esposa para Isaac, el heredero de Abrahán.

Abrahán encargó a su mayordomo damasceno con la gran responsabilidad de conseguir para su hijo una esposa de entre sus familiares. Este siguió en viaje de más de 700Km, volviendo a la tierra de esos parientes. No sabía que le esperaba en el trayecto de la jornada, ni a su final. Le llevó un buen tiempo para completar el viaje, ya que andar a camello no era carrera ninguna automovilista. Acercándose hacia donde vivían los familiares de Abrahán, buscó la orientación de Dios en oración. No lo hizo como quizás pensaríamos, pero oró, clamando al «Dios de mi amo, Abrahán». Reconocía a Dios. Cedía a Dios la autoridad debida, pero aún no lo tenía como su propio Dios. Era el Dios de Abrahán, pues era Abrahán a quien Dios había dado su promesa. Así mismo, Dios le escuchó, respetando tanto sus palabras como su intención de cumplir con el encargo que Abrahán le diera.

Pidió la ayuda de Dios para encontrar a la muchacha apropiada para casarse con Isaac. Definió algo del carácter de la muchacha al colocar delante de Dios su petición. Pidió que fuera ella la que le diera de beber agua a él bien como para todos sus camelos. Era ese tipo de muchacha que quería y pidió que fuera una muchacha así que escogiera Dios para Isaac. Luego se puso a la orilla del pozo para esperar que vinieran las mujeres de la ciudad para sacar agua del pozo.

Había en la oración del mayordomo más que una simple búsqueda por dirección. El hecho de que le diera de beber a él le informaría algo de su trato con un extranjero. Tal era indicación de su carácter de justicia para con los privados de derechos en la sociedad. El hecho de que se diera igualmente el trabaja de dar agua a los camellos indicaría aun más su celo por ayudar a los con necesidad, mismo a gran costo personal. Lo que faltaría en tal demostración, sin embargo, era que fuera también una doncella de entre los parientes de su amo, Abrahán.

Vino entonces Rebeca para sacar agua del pozo. El mayordomo se la pidió que le diera agua para beber, y con gusto se lo ofreció, siguiendo entonces a ofrecer agua también para todos sus camellos. No era una propuesta simple, ya que viajaba con diez de los animales, cada uno de los cuales podía tomar mucho agua en una sola ocasión. Ignorando cuanto trabajo le daría, Rebeca se puso a ofrecer agua, sacando suficiente con su jarra para que cada uno de los camellos bebiera lo cuanto quisiera.

El mayordomo ya sabía con eso de que Rebeca era el tipo de esposa que buscaba para Isaac. No corría del trabajo, sino que era esforzada y compasiva con gente ajena. Tal cual Abrahán había dicho, reconoció que Dios había enviado su mensajero delante de él para indicarle la que debería de buscar como esposa para Isaac. Quedó mirándola mientras sacaba agua del pozo y lo despejaba en el bebedero para los camellos. Había orado a Dios, pero no había esperado que fuera tan sencillo encontrar la muchacha que habría de llevar de regreso a su amo Abrahán para ser esposa a Isaac.

Dios había sacado Abrahán de la casa de su padre, de las tierras que conocían sus familiares y se lo había llevado a una tierra distante. Estaba con su amo en la tierra de la promesa, pero así mismo escuchaba el mayordomo y le preparaba camino hacia los alrededores de Harán. Era una cosa el hecho de que Abrahán confiara en la protección y orientación de Dios al trascurso de su peregrinación a una tierra lejana, pero ahora que Dios le atendiera al siervo de Abrahán en una tierra mientras escuchaba y cuidaba a Abrahán en otra era algo más extraordinario.

El mayordomo estaba aprendiendo algo acerca del Dios de su amo. Estaba frente a una nueva propuesta de la identidad y carácter del Dios de Abrahán. Este no era tan limitado como se pensaba acerca de los dioses de las naciones. Tenía como orientar a hombres en localidades distantes, proveer por las necesidades de un heredero desde muy lejos, sin que le fuera dificultoso. Aun no se sabía como terminaría la historia, pero se podía ver que la distancia para Dios no era problema alguno.

Este mayordomo damasceno encontró que Dios estaba al tanto de sus dudas, preocupaciones e incertidumbres. La distancia que era impedimento al hombre no le era condición dificultosa a Dios. Sin embargo, era una nueva comprensión de la provisión de Dios, una provisión a distancia sin dificultad de atender las oraciones de un damasceno encargado de buscar una esposa para el heredero de su amo. ¿Colocamos condiciones y límites a la provisión de Dios, o hemos aprendido a confiar en ese gran Dios que estaba al tanto de las necesidades de Abrahán, bien como de su mayordomo damasceno?

—©2010 Chrístopher B. Harbin

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