En Medio de la Tormenta

Mateo 14:22-33

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

21 de marzo de 2010

Los problemas y las dificultades a menudo desvían nuestra atención de Dios. Casi actuamos como si la presencia de algún problema u otro fuera señal de que Dios ya no está en control o se ha apartado de nosotros. Nos congregamos para cantar y alabar a Dios, pero salimos a preocuparnos con cosas sobre las cuales no tenemos el mínimo de control. ¿Cómo podemos aprender a descansar en Dios en medio de las tormentas de la vida?

Jesús había dado de comer a más de cinco mil personas. Habían visto su autoridad y poder. Las aguas, entre tanto, eran vistos como representación del caos y el maligno. Se pensaba que en el acto de creación Dios había aplacado al agente o monstruo del caos, pero que no lo había aniquilado. Las olas del mar eran recordaciones visibles de que aun había algún poder contrario a Dios, pero que era limitado bajo la soberanía y mirada de Dios. Bastaba que Dios diese espalda a la creación que el mar tomaría cuenta del mundo otra vez como en la descripción de Génesis 1 antes de que Dios empezara a imponer orden al caos primordial.

Cuando empezaba a subir las olas el los vientos continuaron a soplar con fuerza siempre creciente, los discípulos dejaron que su miedo tomase control de sus vidas. Se sintieron abandonados por Dios en medio del caos de la tormenta. Mirando a Jesús que se aproximaba a la barca, lo imaginaban un fantasma y apenas crecía su temor. Les dijo que calmara y no dejar espacio para su miedo. Luego vino Pedro pidiendo que le dejara caminar también sobre las olas. Todo iba bien mientras Pedro le miraba no más a Jesús.

Quizás sea ese nuestro problema mayor. Miramos a Dios y cantamos sus alabanzas, pero en medio de la tormenta miramos a las olas y la acción de los vientos, quitando la mira del que nos quiere dar calma. ¿Estamos listas a dar la atención debida a Jesucristo, o dejaremos nuestra mira en la tormenta que no le preocupa a Dios?

—©2010 Chrístopher B. Harbin

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