Tomando Ventaja

Génesis 19:1-11

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

07 de marzo de 2010

Hay una diferencia entre hacer lo correcto y hacer lo que nos conviene. Por lo menos, es así que de costumbre pensamos. Lo correcto es pensar en las necesidades de otros. Definimos lo que nos conviene como las cosas que atienden a nuestras necesidades y placeres inmediatos. Los demás poco nos importan en contraste a nuestro propio éxito. Esto éxito lo medimos en sentido material, emocional, social o físico. Poco realmente pensamos de una perspectiva más amplia, para no decir eterna. ¿Cuándo tomamos ventaja de otro, es posible que al fondo estemos realmente nos lastimando a nosotros mismos?

Los dos mensajeros de Dios llegaron ante Lot en Sodoma. Dios ya había alertado a Abrahán referente a sus planes para destruir a las ciudades de Sodoma y Gomorra, pero para Lot eso aún era novedad. Abrahán había dialogado con Dios, buscando reducir la posibilidad del juicio sobre las ciudades entre las cuales vivía su sobrino. Lo que encontró era que Dios era más lleno de gracia de lo que Abrahán pensara. Llegaron los mensajeros tal como era norma en las pronunciaciones divinas de juicio y castigo. Ellos vinieron, no con amenazas y fuego, pero esperando dar a los habitantes chance de revelar su rectitud y reivindicar gracia y clemencia de la parte de Dios.

Mucho más tarde en la historia del pueblo escogido, en el relato del profeta Jonás llegando a Nínive, Jonás pronuncia una declaración de juicio divino, indicando la posibilidad inherente de que la gente respondiera con arrepentimiento. No era lo que Jonás quería indicar, pero la ciudadanía reconocía ese aspecto entreabierto en la proclamación de juicio divino. Reconocían en el hecho de proclamar juicio que había una posibilidad de reaccionar tal para que Dios cambiara sus planes de destrucción. De manera semejante, estos mensajeros ponen la población de Sodoma a la prueba. Se preparan a pasar la noche en la calle para medir la respuesta de la población a su presencia. En la literatura y mente de los antiguos, se esperaba que los dioses pudieran actuar de tal forma. En nuestro caso, no era cuestión de que Yahvé conociera el nivel de rectitud de la población, pero forma de indicar al lector la justicia divina en proseguir con la destrucción de los pueblos frente al arreglo entre Dios y Abrahán. Encontrando Dios cinco hombres justos, dejaría a la ciudad con vida.

Los hombres de Sodoma actuaron conforme lo que opinaban ser sus propios intereses, ignorando las necesidades de estos extranjeros. Tenían sus ideales e ideas de diversión. Definían sus deseos y actuaron conforme esos mismos. De costumbre aprovechamos su ejemplo para hablar de sexualidad desenfrenada, pero al reflexionar con más seriedad reconocemos que no se trata tanto de sexualidad como de un gusto por violencia hacia los demás. Sus acciones demuestran un deseo desenfrenado por gozar de la violencia hacia otros, especialmente contra los de afuera, gente extraños a sus propios.

Los eruditos hoy nos dicen que los crímenes sexuales no son tantos crímenes de pasión sexual, sino crímenes de violencia. Parten de un gusto por sentirse poderoso al aplastar a uno con menos poder, menos fuerza o sin modo de protegerse. No hacen a uno más fuerte, pero le hacen sentirse más valiente o poderoso por la experiencia de apoderarse de otro. De hecho, es también una forma de acomodarse frente a un sentido de impotencia y el sentirse menos en ojos ajenos. Así los crímenes de esos sodomitas no fueron tantas cuestiones sexuales, sino cuestiones de la voluntad de apoderarse del otro y sentirse dueños del mundo. Quizás los llamamos crímenes de pasión, pero de una pasión por hacer violencia a otros, por medio del cual buscaban pensarse a si mismos como más poderosos y dueños del mundo al su rededor.

No les interesaba a los sodomitas el acto sexual, pero ese hecho del poder aplastar a otro sin miedo o peligro de recriminaciones. En un grupo como aquel que encontramos en el texto, es fácil aplastar a unos pocos sin temer consecuencias, aún más cuando las víctimas no son ciudadanos y se los ven indefensos contra la multitud.

Desafortunadamente, los hombres de Sodoma no veían a la realidad completa. No miraban a la cuestión de que ellos no eran la autoridad máxima en su ciudad, mismo que actuaban como si lo fueran. Miraban a la situación humana en su contexto inmediato, pero no daban atención al hecho de que había otra realidad suprema a la de ellos. Para el mundo antiguo, un concepto ateísta no era de se esperar. Las gentes veían a los dioses como que metidos en los trámites de la vida cuotidiana. A la vez, las acciones de estos hombres luchaban contra la realidad y reconocimiento de que había un sistema de autoridad arriba de ellos y más allá de su control. Queriendo hacerse más fuertes y sentirse poderosos, descuidaron que reivindicar poder y autoridad ajena no lo hace más potente a uno. Lo lleva a uno a tener que prestar cuentas de si mismo y sus acciones a quienes tienen poder real.

En el relato de Sodoma en Génesis, los hombres de la ciudad vienen reivindicando poder sobre estos visitantes extranjeros, pero acaban por perder la vista. Quizás en parte sea metafórica esa ceguera. Vienen hacía la puerta de Lot ciegamente buscando reivindicar su poder y autoridad, cuando de repente no encuentran su camino. Ya el camino hace mucho lo había perdido. Para entonces se depararon con su ceguera e impotencia de mismo encontrar la puerta que buscaban.

Nuestro impulso por buscar poder semejantemente nos hace también ciegos a nosotros. Podemos ver eso en tantos personajes públicos, sean políticos, actores o deportistas. La búsqueda por poder, riqueza, reconocimiento y fama nos hace ciegos a nuestros limites, destorciendo nuestra perspectiva de la realidad, mismo nuestra propia realidad personal. Nuestros personajes públicos sufren de esa búsqueda de poder y muchos en su camino sienten el trauma de sus acciones.

Nosotros también hemos sido heridos por esa calidad de violencia más personalmente con la muerte de un querido esta semana. Él fue reivindicar violencia contra su hija y encontrose también víctima de acción violenta por parte de uno que por fuerza buscaba proteger a sus intereses personales. No lo hizo más fuerte y en este caso cerca de nosotros fácilmente miramos el desastre ocasionado por tal hecho de violencia impensada. Podemos mirar a otras ocasiones en nuestras vidas done la violencia fue aprovechada contra nosotros o nuestros queridos, pero sin buen resultado. Lo más difícil es mirar a la violencia que nosotros mismos hemos causada.

La cultura económica y social nos dice que debemos aprovecharnos de los demás. Es parte de la maldad de nuestra inclinación pecaminosa. No queremos simplemente gozar de un suceso, pero queremos tener más sin importar lo que le cuesta a los demás. Se nos dice que nos debemos aprovechar de los más débiles, pues no merecen lo mismo que nosotros. Se nos dice que la fortuna, el éxito, el suceso es para los fuertes, los poderosos, los atrevidos y que a final de cuentas no es personal, pero es la forma de se hacer los negocios en la vida. Para la víctima, entretanto, es siempre personal. Para los metidos en el abuso de poder es tan difícil encontrar la salida como lo era también para la gente de Sodoma. Alertados acerca de donde los llevaban sus acciones, negaron un cambio de rumbo. Podemos juzgar a ellos con tranquilidad. Lo más difícil es mirar adonde nosotros actuamos de forma semejante, tomando ventaja de otros.

—©2010 Chrístopher B. Harbin

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