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Deuteronomio 7:1-6; 9:6-11 Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC 03 de enero de 2010 Muchas veces pensamos que la Biblia indica que Dios castiga a los malos y bendice a los buenos. En este concepto, consideramos que la vida opera con una clara recompensa para nuestros hechos, si no es aquí, entonces en la eternidad. Hay textos bíblicos que parecen apoyar tal concepto, pero otros la descartan por completo. El pueblo hebreo era el pueblo escogido de Dios, pero no por ser algo especial. Fueron elegidos por ser poco importantes entres las demás gentes de su mundo. Dios los bendijo por la promesa echa a Abraham, pero no porque la gente fuera buena en contraste a los otros. Su bendición y elección simplemente les hacia más responsable que los demás. La gracia no opera de acuerdo con nuestra bondad. Opera de acuerdo con la bondad de Dios. La bendición divina no empieza con la calidad de nuestra carácter. Más bien empieza con la calidad del amor de Dios. Aquí reconocemos que Dios aun juzga a los pueblos cuando nos distanciamos de su voluntad. A la vez, tal juicio no se iguala a una retribución como respuesta directa a nuestros hechos. El juicio divino es severamente impactado por la gracia divina. Depende del amor y plan divino el rescatar a todas las naciones hacia una dependencia y un nexo con Dios. Somos parte del pueblo de Dios por haber sido escogidos, pero a la vez Dios escogió a todas las personas para vivir en comunión con Él. No hay razón para jactarnos de tal hecho. Hay, entre tanto, una gran responsabilidad para que aceptemos. Somos pueblo de Dios, con un compromiso y propósito. Tenemos el deber de comunicar la gracia y el perdón de Dios ante todos. ¿Estamos listos para cumplir con la responsabilidad que Dios nos ha encargado? —©2010 Chrístopher B. Harbin | |
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