Liberación Nacida

Isaías 9:1b-7

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

27 de diciembre de 2009

Cuando llegue mi liberación, no espero a un niño, mucho menos a un recién nacido, al cual tendré que esperar hasta que crezca. Yo quiero una liberación más inmediato. Quiero una respuesta que me puede valer hoy. Esperar a que un niño se torne adulto para mi es pedir demasiado.

Las palabras de Isaías, entretanto, hablaban de un niño que ni aun había nacido. Miraba hacia un futuro que no llegaría a ver jamás. Miraba a ese futuro lejano lleno de alegría. No le intimidaba que fuera una época que no llegaría a experimentar. La diferencia, quizás, era que su esperanza era de algo muy mayor que las expectaciones y soluciones que busco yo.

Nuestros anhelos y deseos tienden a envolver cuestiones inmediatas, pero también de menos valor y efecto. Pensamos en resoluciones económicas del momento, arreglos a las crisis momentáneas entre familiares o reconstrucciones después de las tormentas de la vida. Pensamos cuando mucho en soluciones a nivel social o nacional, pero la solución a que miraba Isaías era aun mayor. Su esperanza refería-se a una paz a nivel mundial.

Por eso pudo esperar con gran alegría. Reconocía que lo que había de venir era de suficiente importancia que los problemas y las dificultades del momento no tenían importancia para interferir en su motivo de celebrar la liberación aun por nacer. Él podía ya celebrar por el hecho de su importancia y valor supremo. El simple reconocer que la liberación de la parte de Yahvé estaba a camino ya era motivo de regocijar. Que naciera era suficiente cumplimiento para empezar la fiesta. Era declaración de la fidelidad de Dios y demostración de su amor y gracia. Es lo que nosotros también celebramos. La salvación de Dios nació en Belén. Jesucristo nació, murió y resurgió por nosotros. De hecho ya celebramos que está por venir en gloria para nuestra liberación final.

—©2009 Chrístopher B. Harbin

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