Nélida Beatriz Villalba, servicio memorial

Salmo 91; Mateo 5:13

Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC

29 de noviembre de 2009

Nos reunimos para una celebración y despedida. Las despedidas son difíciles, pues siempre queda algo incompleto en nuestras relaciones interpersonales. Queremos disfrutar de más un momento, más una plática, más un consejo, abrazo y momento compartido. El dolor de cada es muy suyo, pues recuerda las formas individuales que Nélida tocó la vida de cada cual. Mientras el dolor de la partida podemos celebrar los recuerdos que dejó y el impacto de su vida en cada uno.

Nélida era muchas cosas para sus amigos y en especial para su familia. Mantenía la familia unida como esposa, madre, abuela, tía, hermana, suegra y amiga. No importando la relación específica, cuidaba a todos, pues eran su familia e importaba cada cual a ella. Por años era ama de casa, cuidando a los niños y a su esposo. Era muy activa, especialmente en el jardín con sus plantas y flores. Era su placer cuidar a otros y no se sentía a gusto quedándose dependiente en los demás. Encontraba valor para si en cuidar y hacer por los otros.

Era Nélida una mujer muy justa y recta, sin nada de la corrupción del mundo que la rodeaba. Con la familia era tanto estricta como muy llena de energía, parándose jamás. Era mucho de leer la Biblia, llamándola de su alimento. "Vosotros sois la sal de la tierra," citaba, inculcando a su familia que no se debería de dejar que el mundo con su inmoralidad los desvirtuaran de los caminos de Dios.

Nélida era muy limpia y ordenada, no dejando nada fuera de su lugar, exigiendo lo mismo de su familia. Quería que todo estuviera presentable siempre, tanto la casa, como las personas en su vida. Respetaba a todos y exigía respeto de sus hijos. Protectora era también, cuidando a sus propios hijos bien como de sus familias. Conoció a su esposo hace 54 años, mientras tutelaba a un sobrino, desde entonces en tierna edad involucrada en su tema de ayudar a los demás.

Dirigía su casa, como se tuviera computadora en la cabeza. Siempre andaba cocinando con los aromas de comida y cocina a su vuelta. No era mucha de escuchar a la música. Su música era la de las fragancias y las voces de la familia a su alrededor. Cuando no estaban juntos, llamaba su familia todo día para saber de cada cual. Su vida trasbordaba de alegría y conversaba con su familia y su alegría iniciaba las conversaciones.

Fue en casa, su ambiente natural, que Nélida pasó durmiendo de este mundo. Pasó mucho tiempo batallando con cáncer. Pensaba-se en ciertos puntos que lo había superado, pero venía de nuevo a atacar. Cuando ella ya no podía vivir como habituaba-se y quería, tampoco quiso ir al hospital. Era en su casa que quería estar. Era en el hogar que se sentía bien, lleno de los olores de la cocina, de flores, y de perfumes. Era ese su lugar de tranquilidad. Era su centro de paz, donde leía a su Biblia y comulgaba con el Señor Jesucristo.

El Salmo 91 era de sus pasajes favoritos. Habla de una amistad e intimida con Dios que llena a uno de tranquilidad en medio de los trastornos de la vida. Habla de un motivo de la vida de Nélida, de encontrar refugio en la palabra y presencia de su Señor y Dios. Dice el salmista:


El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación. (RV60)

Nélida confiaba en tal salvación y protección divina. Gozaba de la vida, pero llegó el momento en que era tiempo de partir. Al final de su vida, ya no podía sentir los olores y aromas a su vuelta. Ya no podía hacer por su familia como le daba placer hacer. Pudo, entretanto, despedirse de su familia mientras se acostaba a dormir por última vez.


Primera novia, primer cariño.
Primer querer, recuerdo querido.
Que viaja conmigo a todas partes.
Luz que me guía y me da fuerza.

Eres como algo, que llevo en mi ser,
Y que estará conmigo hasta la eternidad.
Mi consejera y guía incondicional.
Que me ayuda a marcar el rumbo de mi destino.

Tu siempre fuistes mi esperanza y mi compañera
En todas mis tristezas y alegrías.
Fuiste por siempre y serás, mi ángel protector.
No hace falta encontrarnos en el más allá,
Por que nunca te fuiste.
Siempre estarás conmigo.

Aquí nos reunimos para celebrar su vida de Nélida Beatriz Villalba, esposa, madre, amiga, abuela, tía, suegra, amante de las fragancias de la vida y del amor de sus familiares. Celebramos la forma que Nélida tocó a cada cual. Celebramos el regalo de su vida y amor para con su familia. Damos gracias por su amor y cuidado y la bendición que fue, inculcando el amor de Dios bien como el amor a Dios en sus hijos y parentescos. Celebramos que hoy ya no sufre con el cáncer y sus efectos al cuerpo.

A la vez, lloramos por sentir su falta y presencia con nosotros. Lloramos por nosotros y la dificultad que cada cual tenemos en sentirnos completos, pues su fallecimiento deja un hueco en nuestras vidas. Sus llamadas diarias por teléfono ya cesaron. Su presencia y actividad en la cocina ya no sueltan sus olores en la casa. Sus manos ya no estarán cultivando plantas y flores en su jardín. A la vez, como vemos en el poema de su esposo Juan, ya ha marcado las vidas de su familia. Los recuerdos y momentos juntos ya marcaron a todos. En estos recuerdos y toques queda parte de ella siempre en nuestras vidas, continuando a llamarnos a vivir como la sal de la tierra y habitar en el abrigo del Altísimo.

—©2009 Chrístopher B. Harbin

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