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Por Donde Vayas Rut 1:1-18; Mateo 5:21-32; Gálatas 1:13-24 Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC 01 de noviembre de 2009 Hoy día, un compromiso y su responsabilidad correspondiente no se tienden a tomar en serio tanto como en días pasados. Nuestra sociedad toma prestado y deja de pagar lo debido. Los matrimonios tienden a ser vistos como arreglos temporarios. La palabra de uno ya no se acepta sin cuestionar la fidelidad del que la pronunció. Espera-se que un compromiso se quebrará y se planea la vida con tales expectativas. Actuamos como se un compromiso fuera algo de malo—una prisión de lo cual nos sentimos obligados a escapar. En un tal contexto de esos, ¿cuál es la realidad de nuestro compromiso con Dios? En el contexto vivido en el antiguo Israel, no había muchas posibilidades para una mujer que se quedara viuda. Esperaba-se que sus hijos varones la mantendrían. Otro si, debería de casarse con un hermano de su esposo o regresar a la casa de su propio padre. Para una mujer sin tales opciones, no había mucha esperanza. Era muy semejante la situación en los pueblos alrededor de Israel, para no decir igual. Para una mujer en tal situación, la vida sería muy difícil, pues no tendría quien la mantendría o la protegiera contra aquellos que la abusarían. Era la situación de vida en que Noemí se encontraba. Bueno, para Noemí era aún más complicado por no estar viviendo en su propia tierra. Noemí había dejado Israel con su esposo y sus dos hijos para vivir en tierra ajena. En Israel la tierra no estaba dando mucha cosecha y la familia resolvió intentar mejorarse en la tierra ajena de Moab. Lo que resultó no fue muy bueno para Noemí. Mientras vivían entre los moabitas, falleció su esposo. Pasado unos diez años, con sus hijos ya casados, fallecieron a su vez los dos hijos también. Ausente los hombres en su vida, Noemí se quedó a la frente de su casa con las dos nueras a su cargo como su responsabilidad. No tenía como sostenerlas a ellas, ni a si misma. Intentó por algún tiempo, pero al escuchar que en Israel las cosechas habían mejorado, decidió volver a su tierra. La vida en Israel tendría más potencial para Noemí, pero para sus nueras sería otra historia. Sus nueras dependían de ella. Por cuestión de cultura y normas tradicionales, tenían derecho de esperar que de alguna forma Noemí las ofrecería su sustento. Entretanto, las tres encontraban-se viudas y todas sin hijos. Juntas estaban en una misma situación crítica. En Moab, Noemí tenía pocas oportunidades. Como era de otro local, no contaba con muchas protecciones legales o sociales. Encontrábase a la misericordia de todos al su rededor. No tenía familia que le apoyara. No tenía tierras u otros bienes de los cuales vivir. Llamó junto de si sus nueras para contarlas de su plan de regresar a Israel. Era un plan lógico. Su situación no era gran secreto. Al relatar su situación, motivó a ambas que se quedaran en su propia tierra, regresando cada cual a la casa de sus padres. Tendría sido la mejor opción para las dos, pero a la vez era de se esperar que las nueras negarían a la libertad de dejar su suegra a solas. De inicio una de las nueras negó dejar a Noemí. Era formulario. Era buenos modos. Era la rutina de negar lo que se le ofrece a uno, mismo cuando uno quiere aceptar. Acabado la rutina, Noemí insistió. Pidió de nuevo que regresaran a las casas de sus padres. La primera nuera aceptó su liberación de los lazos sociales que la ataban a Noemí. Despidió-se con lágrimas y abrazos, volteándose a su casa para seguir su propio camino. Rut tenía toda la libertad de hacer lo mismo. Esta, de contrapartida, rechazó en dejar a solas a su suegra. Tenía un compromiso con Noemí y resolvió continuar esa jornada, mismo que las circunstancias de la vida militaban en contra de ser una buena oportunidad. Decidió mantenerse enlazada con su suegra, mismo que la puerta estaba abierta y nadie pensaría menos de ella por dejar Noemí seguir su camino solitario. Su viaje no sería tranquilo. Era un viaje de por lo menos 100 Km., un viaje a ser emprendida a pie. Estarían a solas en el camino, sin cualquier hombre para darlas cualquiera protección. Pasarían algunos cuantos días en la jornada, buscando refugio del sol, frío, viento y lluvia. No disfrutarían de hotel, casa o tienda en el camino. Serían buenos blancos para bandidos y quienes las gustaría abusar. No habría de ser unas buenas vacaciones. Era simplemente la mejor de las opciones que le restaba a Noemí. Habría muchos peligros, pero no más de regreso en Israel tenía Noemí oportunidades para encontrar gente de su familia que la apoyara en su viudez. Noemí insistía en que Rut regresara a su casa de sus padres. No tenía como proveer por Rut. No tenía otro hijo con lo cual podría Rut casarse. No tenía esposo con el cual tener otro hijo, mismo se Rut lo esperara a que creciera. No tenía condiciones materiales de proveer por su sustento propio, mucho menos para Rut también. No hacía ni un sentido en que Rut la siguiera. Peligros las esperaban en el camino a Israel. No había mucha razón de se esperar que alguna cosa mejor que una tumba les esperaban en Israel. Sin embargo, Rut negó en dejarla. Estaba resuelta y decidida. Había aceptado un compromiso de unirse a la casa de Noemí al casarse. Estaba determinada de seguir el curso establecido de atar su vida a la de su suegra. No sabemos decir hasta que punto Noemí tentó persuadir a Rut que la abandonara. Insistió hasta por lo menos estar segura de que Rut no iba a cambiar de pensamiento. La explicara que no tenía ni fortuna ni esperanza allá en Israel. Explicó que las opciones de Rut eran mejores en Moab que viviendo como extranjera en Israel. Rut no le hacía caso. Su respuesta suena como una declaración de amor, sendo por eso comúnmente citado hoy en celebraciones de bodas. "!No me apartaré de ti! No me pides que te deje, ni que te abandone. Adonde vayas, me voy. Adonde vives, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Adonde fueras enterado, yo también lo seré. ¡Que Dios me castigue se yo te abandone!" Sus palabras no eran de una enamorada a su novio. Eran las palabras de una nuera a su suegra. Había aceptado un compromiso de unir su vida a la vida del hijo de Noemí. Había transitado a vivir en la casa de Noemí, sin importar los problemas que so podrían surgir. Todo había cambiado en desastre, pero su compromiso no había cambiado. Había una salida del compromiso en las palabras de Noemí, pero para Rut su compromiso original era de importancia mayor que una salida. Con la muerte de su esposo, había pasado su dependencia hacia Noemí y las circunstancias no hacían diferencia. Como el Apóstol Pablo, había hecho su decisión. Para Pablo, tal no podía ignorar que en su vida anterior había perseguido a los creyentes en Jesucristo. Al aceptar el camino de Cristo Jesús, disponía su vida a recibir lo que antes había dado a otros—prisión, torturas y muerte por la causa de Cristo. Pablo bien sabía lo que le esperaba al dedicar su vida a Jesucristo. Rut no tenía idea. Sabía no más que estaba aceptando un camino de vida no para su propio beneficio, pero para beneficio de su suegra. Vino a su suegra para reforzar el compromiso que ya había hecho. Que viniera lo que habría de venir, ella se había comprometido a seguir en fidelidad. Cuando Pablo aceptó a Cristo, bien sabía que una posible cruz le esperara. ¿Estamos listos a hacer el mismo compromiso en caminar con Cristo por donde quiera? —©2009 Christopher B. Harbin | |
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