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TheoTrek — A Journey with God in Discipleship | |
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Caminó con Dios Génesis 6:1-14 Rev. Chrístopher Harbin, Primera Iglesia Bautista de Huntersville, NC 25 de octubre de 2009 Hay pocos personajes en la Biblia descritas como caminando con Dios. El más conocido es Henoc en Génesis 5:24. Conocemos la descripción aplicada a Henoc por ser esa la única calificación especial de su vida antes de ser llevado al lado de Dios. Sin tal descripción, lo conoceríamos no más como padre de Matusalén e hijo de Jéred. Es en su caminar con Dios que Henoc se destaca. En Génesis 6, entre tanto, somos introducidos a otro hombre descrito de la misma manera. A este conocemos por el nombre Noé. En su caso, saber que caminaba con Dios no es la única cosa que sabemos de él, pero puede ser que sea lo más importante. No había nada en especial para destacar a Noé de los demás. Nada se nos dice el texto de calidades o poderes extraordinarios. No nos habla de una gran iniciativa. Nada se escribió de su fuerza, destreza, o de una imaginación mecánica. Nada nos dice de una experiencia en la construcción de navíos, ni en trabajar con animales salvajes. Noé no tenía nada en especial para separarlo de la gente de su generación. Era no más otro en su línea genealógica. Su abuelo, Matusalén, es descrito como el hombre que llegó a una edad más avanzada que cualquier otro, pero por la matemática de nuestro texto, murió en el año del diluvio. Henoc era su antepasado que más se distinguía—su bisabuelo. Este se destacó no más por caminar con Dios, la misma descripción que se le da a Noé. Los demás héroes folclóricos del Oriente Cercano Antiguo eran mucho más que Noé. Gilgamesh era quizás lo más conocido. Su historia dice que se informó del plan de los dioses para destruir a la tierra, pues los hombres hacían mucho ruido tal que los dioses no podían dormir. Con su fuerza, destreza e iniciativa, construyó una caja flotante enorme en muy poco tiempo, capturó montones de animales para meter adentro de la barca y así protegió la vida sobre la tierra. Gracias a Gilgamesh el desastre mayor fuera evitado. Él consiguió hasta rescatar a los propios dioses, pues con el diluvio no tenían más lo que comer hasta que Gilgamesh les ofreció sacrificios después de bajaren las aguas. En contraste a tal héroe, Noé no fue nadie. Era plebe. Era un desconocido. No tenía iniciativa. Tardó cien años el su labor de construcción del arca. Los planes para la construcción se le dio Dios. Ni siquiera un animal trajo hacia la arca. Eso lo hizo Dios. Noé ni llegó a cerrar la puerta. Antes de llegar las aguas, ni la primera palabra le escuchamos decir. Llega a nosotros como un siervo, un esclavo que hace nada más que curvarse. Era la sola característica que tenía a recomendarle. Seguía las instrucciones de Dios—caminaba con el Altísimo. Dios lo llamó a una tarea especial, pero no por ser Noé algo especial. Más bien lo llamó porque Noé se humillaba a caminar con Dios y obedecer-le. Dios lo llamó por poder confiar en que Noé se disponía a servir las instrucciones que Dios le daba. Caminaba con Dios y confiaba en su gracia. Dice la historia que toda la gente a su vuelta apartaba-se de los caminos de Dios. Sus vidas eran llenas de violencia. Las intenciones de sus vidas y pensamientos eran violentas y malignas. Destruían con su violencia la creación de Dios, por lo tanto, Dios resolvió adelantar la historia hacia su resolución. Ya que estaban destruyendo el mundo, decidió destruir-la por completo. Pero al decidir llevar la violencia humana a su conclusión lógica, miró Dios a Noé con gracia. No lo miró por que tenía alguna cosa de especial, pero por cuestión de la gracia de Dios. Noé estaba en un relacionamiento con Dios. Caminaba y hablaba con Dios. Servia y buscaba a Dios. Era ese relacionamiento que lo distinguía. Era eso que lo separaba de los demás, pues en caminar con Dios, actuaba conforme la voluntad y el carácter de Dios y no de su generación. Era diferente. En cuanto sus contemporáneos eran violentos, Noé seguía a Dios. Mientras los demás imaginaban maldad, Noé caminaba con Dios. Su fe y dependencia lo apartaban, pues transformaban su carácter y sus acciones. Día tras día, Noé caminaba con Dios, escuchando, aprendiendo y curvando su vida en obediencia a padrones distintos de aquellos del mundo al su rededor. No era ninguna ley que obedecía. No era ninguna lista de reglamentos. No seguía firme a las tradiciones de su propia gente. De hecho era su inconformidad con las normas de su sociedad que le llamaba a la atención de Dios. Las normas sociales no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios. Mientras la sociedad actuaba en violencia, a Dios le gustaba la paz. Mientras la sociedad pensaba en moldes egoístas, Dios clamaba a que se pensar en el mejor para su creación como un todo. Noé prefirió seguir a Dios en contraste a las normas de los hombres. Se puso en contra de la corriente de la vida al su rededor. Vivía decidido a seguir los padrones de Dios, caminando en dependencia y servicio fiel. Era una vida un tanto solitaria, ya que era único en su generación a vivir inconforme a las normas de su sociedad. Caminaba con Dios, pero no con la gente al su rededor. Ciertamente vivía bajo una presión a conformarse. Habían normas entre su gente a los cuales se le esperaba adherir. Había rutinas y prioridades que su familia y vecinos esperaban ver incorporados en su vida. Eran, en parte por lo menos, prácticas que militaban contra la voluntad de Dios. Tenía que decidir entre aceptar las normas de su gente y seguir en los caminos de Dios. Tenía que escoger entre familia y los padrones que Dios le indicaba a seguir. Su padre de Noé falleció cinco años antes de venir las aguas. Su abuelo de Noé, Matusalén, no sobrevivió a las aguas del diluvio. De acuerdo a nuestra matemática, aparentemente se murió en la inundación con el resto del pueblo. El texto indica que fue Noé el único de su generación a colocar su vida en disposición para servir a Dios. Mismo sendo esa la realidad que vivía, lo hizo a todo rigor. Vino ante Dios con su esposa e hijos, pero además solito. Caminar con Dios demandaba una dedicación mayor que aceptaba la sociedad a su vuelta. Demandaba que sirviera a Dios, sin importar que los demás no hicieran caso. ¿Hasta qué punto somos nosotros como Noé? Vivimos en medio de una sociedad de gente que muchas veces se llaman seguidores de Dios. Sus vidas, en lo en tanto, no demuestran la realidad de vidas dedicadas a caminar con Dios y hacer su voluntad. Conocemos a mucha gente que hasta va a la iglesia de rutina, pero no dejan que esa vida con Dios altere su forma de actuar y relacionarse con otros. Su caminar no se destaca del resto de la sociedad. Vivimos en un mundo violente. Conforme la descripción de Génesis, esa violencia danifica y destruye el mundo de la creación de Dios. En medio a un mundo de violencia, destrucción, arrogancia, enojo y falta de perdón ¿qué diferencia demostramos en nuestro caminar? Noé anduvo con Dios. Día tras día, seguía los caminos de Dios en obediencia, humildad y servicio. ¿No es que Dios quiere lo mismo de nosotros? Dios no da tanta atención a las demás características de nuestras vidas. Quiere simplemente que caminemos con Él. ¿Estamos listos a destacarnos de tal forma? —©2009 Christopher B. Harbin | |
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