Parados en el Camino de Dios

1 Samuel 8:1-9, 19-22; Salmo 81:6-16; Juan 5:1-18; 2 Corintios 4:7-5:1

Rev. Chrístopher Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA

07 de junio de 2009

Se había quedado allí por treinta y ocho años. Es mucho tiempo para esperar contra esperanza de salud y un nuevo comienzo para la vida. Este hombre tenía más edad que Jesús. Por más tiempo que Jesús había estado presente, él se quedaba esperando al estanque. Esperaba, acostado a la orilla por días, semanas, meses y años sin término. Había soñado de empezar una nueva vida, ahora probablemente se sanando no más después que quedara demasiado anciano para ayudarle. Pero esperaba y esperaba más.

Las aguas del estanque se movían a la vez, sea por algún tremo sutil, la burbuja de una fuente o el movimiento del viento en su superficie. La gente creía que cuando el agua se movía, era por la acción de Dios o uno de sus mensajeros. Veían a la presencia de Dios, soplando en el agua y lo entraban con la esperanza de que Dios los sanara de sus enfermedades. Este hombre se había quedado al estanque ya por treinta y ocho años en esperaza de que sería uno de los privilegiados a gozar la bendición de restauración divina.

Esperando se había hecho un hábito—una forma de vivir. Desespero se enmaraba en la negación de su cura, ya que otros siempre llegaban primero al agua. Él se enfocaba en este medio de restauración. Era su única esperanza. Mismo que se había negado la oportunidad vez tras otra, se determinaba lograr un milagro de Dios por medio de estas aguas perturbadas. Estaba tan determinado que esta era la forma de la redención divina, que perdió la presencia de Dios en Jesús.

No era el único esperando a la orilla. Juan dice que habían muchos otros allí, también esperando. Sin duda, otros pasaban el tiempo allí como él, día y noche, ansiosos a recibir la bendición de una cura de Dios. Jesús señaló a este hombre entre los demás. Había estado allí por más tiempo, determinado. Había perdido esperanza. Estaba tan enfocado en el estanque como la forma de la bendición de Dios, que casi perdió lo que Dios tenía en su espera.

Jesús le hizo una simple pregunta. "¿Quieres ser sano?" Él no sabía contestar. La respuesta simple sería, "¡Sí!" Tal respuesta sería abierta, abriendo su vida a lo que Jesús tuviera en mente. Seria decir que lo único que importaba era sanarse. Pero él estaba enredado en su predeterminada forma de la cura de Dios. Estaba muy invertido en el estanque. Si fuera curado, tendría que ser al alistar ayuda de alguien quien pudiera ayudarle a llegar primero al agua turbada por Dios.

No quiso simplemente decir "¡Sí!" Tenía la atención de uno que pudiera alistar como ayuda a realizar su sueño. Realmente no estaba abierto a otra forma de intervención. Había invertido demasiado tiempo a la orilla del estanque para intentar algo diferente. "Señor, ¿cómo puedo ser sanado? No tengo nadie que me ayude llegar con prisa al estanque." Era un pedido por ayuda. Era pedido por un cierto tipo de ayuda. Había decidido ya como actuaría Dios. Había determinado que era la única forma para que Dios actuara. Su determinación casi lo paraba a interrumpir el camino de Dios, recusando-le a Dios la libertad de redención creativa.

Jesús no argumentó con él. No lo criticó por su falta de fe y comprensión que Dios tenía más de una forma de actuar en redención. Simplemente lo dijo a tomar su camilla e caminar—para recibir la cura y redención de Dios y actuar conforme. Fue allí que empezaron los problemas. Jesús no actuaba conforme las reglas establecidas.

Jesús hacías las reglas conforme caminaba. Actuaba como se tuviera la libertad para cambiar las reglas en medio del juego—del proceso de vivir. Tal actitud no se sentaba bien con los líderes religiosos. Ellos estaban determinados que sabían la voluntad de Dios, y no dejarían pensar que Dios actuaría de otra forma que el padrón probado y testado de su tradición. Sus tradiciones forzaban a Dios en una cajita chiquita de interpretaciones legalistas sin espacio para la gracia y la creatividad del amor.

Reclamando servir y parar-se a servicio de Dios, se paraban en el camino, estorbando la redención de Dios. No era por Dios que se paraban. Se paraban por sus tradiciones, herencia, y sabiduría humana. Reclamaban seguir a Dios, pero fallaban a comprehender a la gracia.

En el día de Samuel, la gente había cansado de la forma de que Dios lideraba. Querían seguir la sabiduría de otras naciones, escogiendo un rey. Querían alguien visiblemente responsable a liderar sus batallas y defender sus fronteras y intereses nacionales. Estaban incómodos con la idea de Dios suscitar un líder conforme la situación. Querían una autoridad definida. No querían confiar a Dios. Preferían confiar en una figura de autoridad humana y pagando impuestos, que vivir por fe. No escucharían las advertencias de Samuel. Se paraban en el camino de Dios, demandando que Dios actuara conforme la voluntad y sabiduría del pueblo.

Pablo reconoció que Dios no se limitaba a una estructura de poder humana o definición limitada de acción. También comprendió que como Jesús figuró una libertad de acción en gracia y amor por cuestión de redención, nosotros debemos vivir de acuerdo al mismo padrón de gracia creativa.

La gracia clama por nuevas expresiones de redención. El amor llama por ayudar aquellos al la orilla del estanque ver nuevas posibilidades para encontrar la gracia y provisión de Dios. La presencia de Jesús en nuestras vidas demanda que seamos vasijas de la redención divina en nuevas aguas—que dependamos en el movimiento del espíritu de Dios en nuestros corazones, no simplemente en los padrones establecidos y en los cuales hemos confiado.

Grandes instituciones y estructuras de poder bien remuneradas no necesitan depender de Dios para cumplir con sus objetivos. Pueden confiar en la sabiduría establecida y los modos del mundo para cumplir con sus metas. Pueden continuar dado a su gran inercia. Es demasiado sencillo depender en las grandes instituciones para cumplir con la obra de Dios. Como la audiencia de Samuel hace tanto tiempo, es fácil entregar nuestra responsabilidad a otro apuntado a cumplir un cargo. Al hacer así, entretanto, andamos contrarios al plan de Dios, parando-nos a impedir el movimiento de su Espíritu.

Estamos celebrando esta iniciativa personal de gracia, amor y fe esta semana. Al mirar el ministerio de Watering Malawi y las necesidades de acceso a agua limpia de los malawianos, enfocamos nuestras propias iniciativas de gracia. Miramos a nuestra responsabilidad individual a cuidar por otros sentados a la orilla del estanque. Miramos la respuesta creativa de la gracia de Dios a llevarnos más allá de las fronteras de nuestros padrones establecidos y dependencia institucional a dejar que Dios perturbe las aguas a nuestros pies de nuevas formas.

¿Estamos listos a pisar fuera de nuestra dependencia en otros a compartir la redención de Dios por nuestros esfuerzos? Jesús no dejó una institución o programa. Dejó discípulos con una misión de redención por amor y gracia. ¿Estamos listos a ejercer el desafío que nos dejó, caminando en el padrón de Dios? o nos quedaremos parados en su camino como estorbo?

—©2009 Christopher B. Harbin

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