Testimonio en Memoria

Salmo 1; Juan 17:6-19; Hechos 1:1-8; 1 Juan 5:6-13

Rev. Chrístopher Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA

24 de maio de 2009

Nos gusta oír historias. Contar historias ha sido una de las más grandes tradiciones desde los tiempos más remotos. Niños en todas partes del mundo se han acercado a oír a sus padres y abuelos contar historias. Especialmente les gusta oír historias de si mismos o de sus padres a una menor edad. Como adultos, también nos gustan historias. Hollywood es no más otra forma de contar-las.

Cuando las memorias disminuyen con el pasar de una generación, buscamos historiadores para recordar-nos de tiempos aún significativos en aplicación a nuestro presente y futuro. La Lista de Schindler fue publicado como historias de algunos de los millones de judíos escapando muerte en el holocausto nazista de la segunda guerra mundial. El libro fue escrito como recordatoria de lo que puede suceder cuando una gente es ignorada por unos con poder y un sentido de superioridad. Nos recuerda que ganancia por poder o riqueza es suficiente motivación para abusar de temor y fuerza para sojuzgar un pueblo, tratándolo peor que animales. Es una historia recordando-nos de las tragedias de otra época en la esperanza de evitarnos los mismos errores.

Desafortunadamente, las memorias fallan. Tiempos cambian. Nos encontramos distanciados de realidades del pasado—tan removidos que se nos acaban memorias do lo ocurrido. Las memorias que se quedan pueden ser bien destorcidas. Podemos agarrarnos a versiones nostálgicas de un pasado recordado no más vagamente. Tales memorias son selectivas. La tendencia es de glorificar el pasado y aplacar su angustia, dolor y turbulencia. Contamos nuestras historias, pero no más algunos de ellos, y no más por partes. Al pasar los años, podemos criar una nueva generación que puede hasta negar eventos verificables del pasado, como hemos visto recién de un sacerdote negando el holocausto.

De veras, hay muchas historias clamando por nuestra atención. Suenan llamadas en conflicto a recordar lo que puede ser una historia falsa—la historia como se nos gustaría haber sido para encaminar nuestros objetivos. El pasado, después de todo, no es completamente aprovechable como una base para una o otra énfasis que nos gustaría adoptar.

Entonces, contamos historias. Buscamos perspectiva, información, y el conocimiento de que por lo menos algún aspecto de nuestros problemas fue confrontado en el pasado. Recordamos las vidas, acciones y experiencias de otras generaciones en sus crisis. Los repasamos para ayudarnos hacer sentido de nuestros conflictos y incertidumbres. Miramos a nuestra historia, a nuestros héroes, a aquellos que han pasado antes para encontrar respuestas para nuestras vidas. En el proceso, ¿será que recordamos a mirar a Dios y el testimonio de Biblia al ejemplo de Jesús en manipular a las dificultades de la vida?

El salmista nos recuerda que es en reflexionar en las instrucciones de Dios que debemos encontrar el consejo y la dirección que necesitamos. Es aquí que encontramos un firme seguro para nuestras vidas. Es aquí que debemos encontrar las respuestas para prepararnos para las crisis a venir. Es aquí que debemos encontrar instrucción y las historias de fe y fidelidad que deben direccionar y apoyarnos por los tiempos difíciles que nos siguen.

Nuestra nación está en el proceso de conmemorar historias en este final de semana. Para unos, es no más otro día de descanso. Para otros, como aquellos reunidos anoche ante el Memorial en Bedford, es un tiempo para recordar sacrificios hechos por tantos que dieron sus vidas en servicio a su país y sus comprometimientos por los siglos. Es un tiempo de reflexionar en las historias de vidas que contribuyeron a la vida como la conocemos.

Pero mientras conmemoramos los sacrificios hechos por tantos en tantas guerras, hacemos bien conmemorando un tipo de historia completamente distinta. Hacemos bien pausando a recordar aquellos que dieron su tiempo, energía y sus propias vidas para que podríamos comprender el evangelio de Jesucristo que proclamamos.

Hacemos bien considerando los esfuerzos de Lutero para traer el cristianismo de vuelta a la Biblia, incluyendo su traducción a la lengua de su pueblo. Recordaríamos la prensa de Gutenberg, que facilitó acceso a laicos a la Biblia por la primera vez en siglos. Recordemos aquellos como William Carey, sufriendo la pérdida de su familia y donando su vida para llevar el evangelio a la India. Hacemos bien recordar a los bautistas de Virginia impresionados por la audacia de predicar el evangelio sin la autorización de la iglesia estatal. Debemos recordar y recontar las historias de la prisión de Pablo por el evangelio, de martirio de Esteban, del exilio de Juan a Patmos, del testimonio de Felipe al eunuco, de la crucifixión de Pedro y de creyentes testificando a Cristo por delate de los leones de César.

Estos no eran sacrificios para mantener un estilo de vida, un juego de ideales o la soberanía de una entidad política. Eran los sacrificios de vidas vividas a compartir el evangelio de Jesucristo y de la eternidad con Dios.

El aniversario de la invasión de Normandía se aproxima. Recordaremos la invasión aliada. Recordaremos tantas vidas baleadas en aquella batalla estratégica para liberar a millones de judíos aún no muertos por los nazistas en el holocausto y para liberar el resto del mundo de la amenaza militar de Alemania, Italia y Japón. Recordamos con gratitud lo que estos hicieron por nosotros. Pero nuestra gratitud y recordación de sus hechos por nuestros intereses políticos deben tomar segundo lugar a nuestro reconocimiento de tantos dando sus vidas por nuestros intereses eternos y los propósitos de Dios.

Jesús dijo que el mundo aborrecería a creyentes, mismo como aborrecía a Jesús, condenándolo a muerte en la cruz. Como Juan apunta, el testimonio de Dios es mayor que toda la condenación y miedo que ha sido puesto en oposición a los creyentes por los siglos. Como hemos peleado en batallas contra enemigos armados en varias frentes como nación, así también somos envueltos en batallas espirituales. Ni siempre es sencillo reconocer a esos asuntos y realidades tan claramente como las físicas y políticas.

Después de la resurrección, los discípulos se juntaron, preguntando a Jesús si ya era tiempo de re-establecer a Israel como una nación soberana—una pregunta de política y estado. Jesús redirigió su atención a lo espiritual. Ya es tiempo, mejor, para enfocar en testificar a lo que viene Dios haciendo. Ya es tiempo de conmemorar lo que Dios ha hecho en Cristo y por intermedio del Espíritu, para que el mundo pueda venir a Dios. Como Juan lo asienta, Dios nos ha dado la vida eterna en Jesucristo. Aquellos que tienen a Cristo tienen vida.

Debe ser esto el cerne de nuestras historias. Recordando como Dios estaba en Cristo, reconciliando el mundo, pero presente en nuestras vidas y en las vidas de otros por medio del Espíritu Santo. Estas son las historias que somos impelidos a recontar. Esto es el enfoque que somos desafiados a seguir al celebrar un día de conmemorar los sacrificios de vidas dadas en nuestro beneficio, para que todos puedan encontrar vida real en Cristo Jesús.

—©2009 Christopher B. Harbin

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