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TheoTrek — A Journey with God in Discipleship | |
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Más Allá de la Ignorancia Salmo 4:1-8; Lucas 24:36b-48; Hechos 3:11-19; 1 Juan 3:1-7 Rev. Chrístopher Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA 26 de abril de 2009 La ignorancia es una bendición. Hay tantos pedacitos de información que creemos ser mejor no saber. La vida es más simples ignorando los 2.5 millones de botellas plásticas que nuestra nación tira a la basura a cada hora. Quedamos más contentos ignorando el caos económico y político que impele a tantos jóvenes de Somalia a se tornaren piratas. Estamos más contentos sin mirar los problemas de millones de bebes en el África dejados huérfanos por el SIDA. Podemos pasar ilesos por la vida con más facilidad ignorando las familias de inmigrantes mexicanos dependiendo de lo que trabajadores de salario mínimo pueden enviar para su sustento. La ignorancia parece bendición cuando nos deja excluir los llantos y problemas de otros. Parece bendición ayudando desviar la mira cuando las consecuencias de nuestras acciones, elecciones, y decisiones afectan negativamente a otros. La ignorancia parece bendición cuando nos deja vivir sin pensar mucho en Dios y la voluntad de Dios a que vivamos en pureza, amor, y la santidad de Cristo. Hay un tiempo para la ignorancia. Ignorancia es simplemente el no saber. Es la forma natural de un niño nacido al mundo. Es correcto que venga un niño al mundo sin comprehender los problemas de la sociedad, las leyes físicas, los principios por los cuales se gobierna el mundo, y la voluntad de Dios. No es correcto, en lo entanto, que nos quedamos ignorantes cuando nuestras vidas y eternidad dependen del aprender a vivir de acuerdo a los parámetros establecidos por nuestro Criador. Pedro y Juan anunciaran que la crucifixión de Jesús era producto de ignorancia. Ciertamente había más que ignorancia en el asunto, pero a su cerne fue ignorancia que motivó a las multitudes y sus líderes a clavar el Todo-Poderoso a la cruz. Muchos habían oído comentarios de que Jesús pudiera ser el mesías tan esperado. Muchos habían oído sugestión de que Jesús era Dios vino a la tierra en carne y hueso. Eso era la acusación oficial contra Jesús en el tribunal ilegal nocturno ante el sumo sacerdote. Ellos no sabían que estaban juzgando a Dios. La ignorancia les ayudó a proceder con sus planes, pero era más que eso, también. Junto a la ignorancia había el deseo de no saber—el deseo de ignorar los datos ante ellos y así quedar ignorantes a la verdad que se les presentaba. Ignorancia es una cosa, pero quedando ignorante cuando confrontado con la verdad es completamente otra cosa. Aquí en el patio del templo, Pedro y Juan habían sanado a un hombre cojo y bien conocido en la ciudad. Por una generación había mendigado ante un portal del templo. De nacimiento era cojo, y no le había remedio. En la autoridad de Jesucristo de Nazaret, Pedro y Juan lo habían curado. Jesucristo era aquél que tentaran silenciar. Era aquél que condenaran a morir. Era aquél que habían considerado amenaza al Judaísmo y la sociedad como un todo. Lo habían considerado blasfemo, ya que se llamaba “Hijo de Dios” y mayor en importancia que Abraham. Ahora estos dos pescadores ignorantes habían sanado un cojo en el nombre y la autoridad de este mismo Jesucristo de Nazaret, a quién la multitud había muerto. Dios estaba listo a ignorar la ignorancia en el caso de condenar Jesús a la muerte. Dios estaba listo a culpar el crimen al choque de las aseveraciones que parecían demasiadamente extra-ordinarios a se creer. Dios estaba listo a reconocer que no estaban preparados a dar con la verdad que se deparaba en el ministerio terreno de Jesús. Pero ahora el tiempo para permanecer en ignorancia se había pasado. Era tiempo a encarar la verdad—la realidad de los datos—y venir a termos con el evangelio de Jesucristo. La resurrección no era evento simple a entender. La encarnación de Dios—Dios habitando entre la gente—era difícil de aceptar. Es una cosa contar historias de hace mucho tiempo que muchos han averiguado y aceptado. Es otra cosa encarar directamente la presencia de Dios y comprehender tal experiencia anormal por lo que es. Ya se había concluido el tiempo para suspender juicio en consideración de los datos. Ya era tiempo para ir más allá de la ignorancia y definirse delante los datos. La iglesia hace mucho ha tenido problemas de ese tipo. El la época de Copérnico y Galileo, ella batalló con cuestiones de descubrimientos científicos que parecían contradecir tradiciones de fe. En los tiempos de Lutero, la iglesia deparó con cuestiones de indulgencias y abusos de poder contrarios a las escrituras. En los días de William Carey, fue la cuestión de si Dios necesitaba o quería la participación de misioneros en la reconciliación del mundo a Cristo. En días de esclavitud, era comprensión de la humanidad de todas gentes. Demasiado seguido, la iglesia ha apoyado las tradiciones de sus ancianos o de aquellos pagando las cuentas en negligencia de los datos ante si y el testigo de Jesucristo. L ignorancia es una cosa. Ignorando la revelación de Dios es completamente otra. El primer paso en marchar allá de la ignorancia comúnmente es el arrepentimiento. Debemos nos arrepentir del deseo egoísta de quedar en el conforto de la ignorancia y continuar ignorando la verdad de la revelación divina. Arrepentimiento era el primer paso para aquella gente en el templo de Jerusalén. Pedro los llamó a reconocer la realidad de sus acciones y pesar las implicaciones de la cura de este hombre en el nombre de aquél que enviaron a la cruz. Arrepentimiento es también palabra de Juan para todo pecado. Juan nos dice que Dios demostró amor y pureza de vida en Jesucristo. Como vino Cristo, él nos llamó también a vivir en pureza, mismo como Jesús modeló por nosotros. Juan dice que aun vivimos en una ignorancia por lo menos parcial. Aun no hemos visto a Dios en su completa revelación. En Cristo tenemos todo el conocimiento que necesitamos de la identidad, carácter y propósito de Dios. Tenemos en Cristo el ejemplo a seguir a todo día de nuestras vidas. Tenemos el desafío a colocar de lado todo en nosotros que no es puro, para que modelemos nuestras vidas en el ejemplo de pureza en la voluntad de Dios. Muchos en la audiencia de Juan querían espiritualizar el evangelio. Era no más el mundo del espíritu al cual querían prestar atención. El pecado no era nada, decían, enguanto el espíritu era puro. De al espíritu a Dios, decían, y el cuerpo puede hacer lo que quiere. Juan tenía otra ótica. No podemos ser puros espiritualmente viviendo en ese tipo de ignorancia. Vida justa requiere la aplicación del evangelio a nuestro vivir diario. Requiere cesar ignorando la voluntad de Dios, pero aplicando la vida de Jesucristo al nuestro vivir. ¿Hasta cuándo reclamaremos ignorancia? El tiempo de ignorancia ya pasó. Es tiempo de acción y arrepentimiento. Es tiempo de dejar la justicia de Dios en Jesucristo brotar en nuestras vidas ante el mundo al nuestro rededor. Es tiempo de ir más allá de la ignorancia hacia la completa realidad y las expectaciones del evangelio. Ignorancia realmente no es bendición. Nos estimula aferrarnos a una ilusión. Más allá de la ilusión la vida espera. ¿Estamos listos a vivir la vida plena puesta ante nosotros? —©2009 Christopher B. Harbin | |
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