¿Cuál Es la Diferencia?

Salmo 62:5-12; Jonás 3:1-10; Marcos 1:14-20; 1 Corintios 7:29-31

Rev. Chrístopher Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA

25 de enero de 2009

¿Cuál es la diferencia entre ser el cambio de Dios y evitar-lo?

¡Había sido un paseo asombroso! Él había tentado huir, pero escapar de Dios ha siempre sido un propuesto fútil. Cuando Dios lo llamó a Nínive, Jonás huyó el la dirección opuesta. Lo más rápido que sus piernas lo podían llevar, él partió, volando al puerto por un navío. No importaba tanto adonde iba, desde que lo llevara ¡más lejos de Nínive!

Por el mercado y embarcadero, Jonás buscó un navío con dirección contraria a las instrucciones de Dios. Eran unos sujetos rudos trabajando las embarcaciones, pero mejor lanzar su suerte con ellos que aceptar lo que Dios quiso dél. Además del todo, los marineros no más buscaban un dinerito. Nínive era territorio enemigo. Su gente era bien conocida por su crueldad a otros. Historias de su violencia contra enemigos les pondrían miedo a esos marineros tan listos a enfrentar los peligros del hondo mar.

Jonás sabía que no podría esconder-se de Iavé. Cualquier profeta digno de su salario lo sabía. Mismo así, pensó por lo menos darle a Dios una carera. El mar era considerado un enemigo del orden criado por Dios. Quizás podría ponerse lejos en ese territorio enemigo, tal que Iavé lo dejara a solas. Se Dios viera que lejos estaba Jonás de su tarea, quizás dejaría la búsqueda y dejara a Jonás en paz. Esa misión a Nínive era demasiado a aceptar. Clamaba por demasiados cambios en la vida de Jonás. ¡Cualquier cosa sería mejor de lo que pedía Iavé!

Él había crecido con los ninivitas como enemigos de su pueblo. Eran crueles, sádicos y vengativos. Su tipo de violencia daba temblores de miedo a las naciones al su rededor. Nadie quiso ir a su encuentro, a no ser con una espada a la mano. ¡Vámonos! ¿A quien le gustaría ir a convocarles al arrepentimiento? Ahora, se Dios hubiera pedido que Jonás levantase un ejército contra Nínive, aniquilar el pueblo o tratarlos como trataban a sus cautivos, eso sería algo a que se sentía capaz. Era lo esperado, la forma tentada y verificada de tratar con los enemigos. Perdón, misericordia y gracia era absurdo y demasiado cambio para su gusto. "!No gracias! ¡Ni manera! ¡Estoy por afuera!"

El navío no era muy grande, pero quizás era olía lo suficiente para apartarle de Nínive. ¡Quién sabe los olores mantendrían a Dios lo suficiente lejos! (¡Todos sabían que a Dios le gustaba a los olores fragrantes, e ese barco no era nada de eso!) Jonás embarcó y se echó a escondidas en el fundo del barco. ¡Salvo a final! Era un cambio de su aposento normal, pero a lo menos encontró conforto en apegarse a su ira justa en contra de sus enemigos, su orgullo en ser superior a ellos y en subvertir el plan de Iavé de tratar a Nínive con gracia y misericordia. Se él fuera perecer en el mar, quizás podría llevar a sus enemigos consigo. Nadie más aceptaría el llamado de ser mensajero de la gracia de Iavé a una nación tan despreciada y odiada. Exhausto de evitar y oponerse a Dios, Jonás se puso a dormir.

La tempestad empezó como siempre lo hacen. Los vientos se levantaron y irguieron las ondas más y más a lo alto contra el navío. Los marineros ataron a todo lo que podían, bajaron las velas para mantenerlas intactas y hicieron todo lo que sabían para proteger su navío y sus vidas. El agua su puso a saltar la proa del barco. Sacaron el agua y, desesperados, empezaron a despachar a sus mercaderías para ayudar con la flotación. Era una batalla perdida. La tempestad era demasiada bruta y la reconocieron como más que una tempestad cualquiera. Esta tenía propósito e ferocidad divina. Jonás fue señalado. Listo a ser héroe de su nación, dijo que le echaran al mar. Podría morir en el mar, pero Nínive no oiría el mensaje de arrepentimiento y sería destruida.

Iavé aún estaba trabajando en cambio—cambiando a la vida, actitud y rumo de Jonás. Jonás había tentado cambiar su curso lejos de Nínive, pero Dios allí lo llevó así mismo. Dios tomó el mismo mar, considerado enemigo de la creación de Iavé, y lo manejó a su voluntad. Los temidos monstruos del mar llevaron a Jonás por el camino de transformación divina mientras la tempestad se deshizo. Escupido del las aguas, Jonás se puso en camino a Nínive. Dios aún no había cambiado la actitud de Jonás. Dios no había alterado su voluntad. Jonás se había resignado a obedecer, considerando que no tenía mucha escoja. ¡Eso no era decir que tenía que alegrar-se en el proceso!

Mientras lo que restaba de su ropa se secaba, el olor se abatió un poco mientras caminaba a Nínive. Él iría y cumpliría con la tarea asignada. Llegaría a la ciudad y hablaría en medio del mercado en el primer día. En el segundo día, el protocolo decía que llevarían el profeta extranjero ante el consejo de la ciudad. En el tercer día, posiblemente lo presentarían ante el rey a comunicar el mensaje de Iavé. Era una ciudad donde servían a muchos dioses. No era tan raro que un profeta de otro pueblo viniera con regalos y mensajes para el rey desde un dios o rey de alguna tierra. Mientras hacía camino bajo el sol ardiente, Jonás se acomodó en sus expectaciones del protocolo y procedimiento que lo esperaban. No estaba a gusto, pero sentía conforto en saber lo que le esperaba.

Mientras todo, Dios aún estaba en el proceso de sacudir a las cosas. Después del todo, Iavé há estado en la obra de transformación y cambio desde la creación. Él llamó la luz a ser y de inmediato empezó alterando luz con escuridad, noche con día. Dios había establecido estaciones, mareas, cambios de follaje y todos los ciclos de vida en un mundo de flujo constante. Tentar como posamos a parar la ondas constantes de cambio, el mundo cambia al nuestro rededor. Sin importar nuestros atentados a crear una existencia ordenada, estática y perfectamente planeada, Dios puso cambio en el mero DNA de la creación. A Jonás no le gustaban los cambios que Dios operaba en su vida. Tampoco reconoció los cambios aún por delante.

Llegando a Nínive, no concluyó el primer día de protocolo. El rey inmediatamente escuchó la noticia de la palabra de Iavé mientras el pueblo se hizo micrófonos de Iavé, ignorando a Jonás y llevando por si el mensaje de la llamada profética de Iavé. Jonás se enojó. Se llevó afuera de la ciudad con todo su desprecio y sentido de pierda. Después de todo, ¡era él profeta de Iavé! ¡Era él lo importante! Pero esa gente idólatra, enemiga de la nación escogida de Iavé, ¡había usurpado su posición y tomado por si responsabilidad de arrepentimiento en paño de saco y cenizas!

Mientras Jonás se bañaba de enojo y autojustificación, Dios habló de nuevo. "Jonás, ya es tiempo para cambio real. Es tiempo que comprendas como yo acogería a todas las naciones, mismo sus enemigos, como mi pueblo. Se has sentado demasiado profundo en su conforto para comprehender que te crié para cuidar a toda mi creación. Su auto-importancia te ha hecho olvidar que mientras eres mi micrófono, es mi voluntad amar y cuidar a todos. Se me servirías, debes estar listo a ser radicalmente cambiado desde el interior—no a buscar asilo, pero a amar mismo como yo."

Dios originó al cambio—transformando con sentido y propósito. El evangelio nos cambiaría radicalmente. Dios nos transformaría en emisarios de su gracia. Además del todo, ¿cuál es la diferencia en recusar a la vida en Cristo y luchar contra la transformación por la cual Dios nos hace suyo?

—©2009 Christopher B. Harbin

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