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TheoTrek — A Journey with God in Discipleship | |
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Viviendo una Respuesta 1 Samuel 3:1-10; Salmo 139:1-6, 13-17; Juan 1:43-51; 1 Corintios 6:12-20 Rev. Chrístopher Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA 18 de enero de 2009 Cuando Dios nos habla, ¿cómo le respondemos? ¿Le responderemos con más que palabras? En los ojos de muchos, aún no tenía edad para profeta. De cualquier forma, Samuel se acostara ante el altar de Iavé a incubar una palabra de Dios. Conforme se pensaba, aquel que necesitaba una palabra de Dios, podía traer ofrendas ante el altar y pasar la noche dormido allí en la expectativa de que Dios se le hablara a uno, sea en una visión o por un sueño. Se nos dice el texto que una palabra de Iavé era rara en esos días. Quizás el chico estaba jugando con la experiencia de incubar una palabra de Dios, mismo que no se la esperaba. Como niños estregando juntos unos palitos para prender el fuego, no esperaba los resultados que procuraba alcanzar. Era una tentativa más que nada de demostrar que intentar incubar una palabra de Dios no tendría éxito. Estaba jugando con la experiencia. Si lo tomaba en serio, pero estaba más interesado en ver que era inútil. Samuel preparó-se para pasar la noche no en la cama, pero ante el altar. Quizás fue la primera vez. Quizás fue la séptima. Quizás ya era su rutina, pero el texto indica que no. Se puso ante el altar y se preparó a dormir. Luego toda su vida fue trastornada. Mientras dormía, escuchó una voz que le llamaba. Medio dormido y soñoliento, respondió a la voz, "Aquí estoy!" Se fue corriendo para Elí, seguro era el sacerdote quien lo llamara. Llegando ante Elí, se presentó, diciendo, "Aquí estoy, pues me llamaste." El sacerdote no sabía de que se trataba. El niño hubiera tenido algún sueño. "Vuélvete a dormir, pues yo no le llamé." Confundido, Samuel regresó ante el altar de Iavé en su tabernáculo. Se acostó a dormir de nuevo, demasiado soñoliento para quedarse despierto rumiando lo ocurrido. Al acostarse, escuchó otra vez a la voz llamando-le por nombre, "Samuel, Samuel!" "Aquí!" contesto, corriendo nuevamente a Elí. "Aquí estoy, pues me llamaste." Interrumpido de nuevo su sueño, Elí lo respondió. "Ya te dije que no te llamé. Vuélvete a dormir." Continuando así la noche, nadie iba a dormir. Samuel regresó otra vez a acostar-se ante el altar, no pensando mucho en que estaba intentando incubar una palabra de Iavé. Su atención estaba fija en que no comprendía porque Elí lo llamaba y luego no recordaba que lo llamara. En su edad estaba perdiendo memoria. Quizás lo llamaba y dormía, olvidando la razón de llamarlo. Se acostó, siente de que no dormiría mucho en esta noche se continuara de esta forma. "Samuel, Samuel!" "Otra vez!" murmuró en su sueño. Cansado y un tanto irritado, dijo, "Aquí!" Otra vez corrió ante Elí, diciendo, "Aquí estoy, pues me llamaste!" Elí estaba por seguro de que no lo había llamado. Reconoció que Samuel estaba dormido, o sea, estaba acostándose a dormir ante el altar de Iavé. Quién sabe lo que pasaba con el chico, pero quizás a lo mejor Dios le hablaba. Se el niño respondiera directamente a Dios, por lo menos el sueño de Elí pudiera seguir sin más interupciones. Sea o no que Dios le hablara, mejor que le contestara como que si. Le dijo que le respondiera directamente a Dios, diciendo, "Se volver a hablarle la voz, diga, Aquí estoy. Háblame, Señor, pues escucha su siervo." Samuel se fue a dormir, mientras Elí volvió a acostar-se, a pensar, a rumiar, y a velar la noche, ya que el sueño se le había interrumpido por la tercer vez. No estaba cierto de lo ocurrido y la incertidumbre ahora le quitaba el sueño. Otra vez acostado ante el altar, Samuel escuchó otra vez llamar su nombre, "Samuel, Samuel!" De esta vez, respondió Samuel, "Aquí estoy. Háblame, Señor, pues escucha su siervo." Dios le habló, entonces, pero Samuel ya no estaba cómodo con incubar una palabra de Dios. No le gustó el mensaje. Como el fuego criado por niños con palitos, el hablar de Dios con Samuel le sorprendió. Lo que antes era excitante ahora lo enfrentaba con ansiedad. Ya que hice fuego, ¡¿que hago con ello?! Buscaba una palabra de conforto, pero la palabra de Dios era un alerta y un llamado a una misión. Elí no había seguido a Iavé en completa fidelidad. Había dejado que sus hijos anduvieran sueltos sin ocuparse a enfrenar sus actitudes y acciones blasfemas. Ahora Dios estaba hablándole a él. Convocaba a Samuel para servir-le en mayor fidelidad que Elí. Lo llamaba a responder en sinceridad de vida a lo que era antes un juego o experiencia. Incubar una palabra de Dios se había transformado en un llamado de Dios a la dedicación completa de su vida. Ya no estaba en control de la situación. El fuego se había extendido más allá de sus expectativas. El fuego es interesante. A veces, uno trabaja y trabaja a emprender-lo sin resultado. A veces un descuido lo enciende con ímpetu alarmante. En esas ocasiones, es el fuego que tiene control, sin importar nuestras intenciones. Con Dios es un poco diferente. Él siempre está en control y hablarle no es un juego de niños. Enviando Samuel a acostar-se por la tercer vez, Elí lo había dado la respuesta correcta por si acaso Dios le llamara de nuevo. No era tanto las palabras que valían a Dios. Lo que le valía a Dios era que haría Samuel con su vida. ¿Su respuesta se transformaría en acción? Llamando a Samuel y aceptándolo como su profeta y sacerdote, Dios le convocaba a una vida dedicada en servicio. No podría simplemente hacer de su posición un juego y experimento. Mismo que los demás pensaban que palabras de Dios eran muy raras en ese tiempo, Dios buscaba a quienes le servirían con sinceridad. A eses, su palabra no sería tan rara. Lo que era raro era que uno se ofreciera en dedicación a Dios. Buscaba Dios quien le respondiera no tanto en palabra, sino en hecho de vida. Los hijos de Elí habían blasfemado y profanado el culto y sacrificio a Dios. Elí se había hecho cómplice al dejarlos seguir sin su intervención. Ahora era tiempo para la próxima generación formular su respuesta a Dios. Samuel podría servirle a Dios con su vida o fingir-se de religioso. Con su experiencia de incubar una palabra de Dios, sabía que a Dios no podría mofar sin repercusiones. Servir a Dios era una cuestión seria que demandaba respuesta en toda su vida. ¿Cómo le respondería a Dios? Hemos jugado con fuego y sobrevivido. La experiencia, en lo en tanto, nos llama a la cautela en encender otra brasa. Un descuido se puedo tornar en algo serio. El fuego no es una broma, ni lo es Dios. Dios nos clama a presentar-le nuestras vidas en servicio y en sinceridad. Quiere transformar nuestras vidas de pescadores a pescadores de hombres. Quiere cambiar nuestras pasiones humanas en pasiones celestiales. Quiere enseñarnos a reconocer su voz y estar cómodos en convivir directamente con Dios. Dios nos llama. ¿Le responderemos como Samuel? "Aquí estoy. Háblame, Señor, pues escucha su siervo." ¿Estamos listos a ofrecer nuestras vidas, o tenemos miedo del fuego de su voz? —©2009 Christopher B. Harbin | |
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