|
http://www.theotrek.org/
TheoTrek — A Journey with God in Discipleship | |
|
¿Que Niño Es Este? Jeremías 31:7-14; Salmo 147:12-20; Lucas 8:22-25; Juan 1:10-18; Efésios 1:3-14 Rev. Chris Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA 04 de enero de 2009 ¿Quién es este niño en el pesebre? ¿Es otro nene para mimar, una figura histórica a estimar, o uno que hace demandas de una nueva clase sobre nuestras vidas? Este niño en el pesebre es de alguna forma arriba de los tormentos de la vida. ¿Se lo vemos como es, cambiará nuestro relacionar con él? En el trascurso de su ministerio, Jesús siempre se veía rodeado de gente. Era difícil escapar del trastorno para orar, descansar e enseñar a sus discípulos sin la interferencia de las multitudes y los que constante andaban tras milagros. En cierta ocasión, Jesús guió a sus discípulos a un barco para velar sobre el lago a procura de un tiempo a solas. Jesús estaba cansado. Desde el inicio de su ministerio, no habría pausa. Al acostar-se para un descanso, los discípulos también descansaron. Lógico, estaban trabajando a mantener el barco en curso, pero descansaron al ver este aspecto tan humano de Jesús. Estaba dentro de sus expectaciones. Personas necesitaban comer. Necesitaban dormir. Era confortante el hecho de ver a Jesús encuadrando-se en eses moldes de la vida. Comprendían a un Jesús cansado. Comprendían a un Jesús limitado por un cuerpo físico como de ellos. Sabían lo que era gastar-se tras un largo día. Al mirar-lo acostar-se, sus mentes descansaron con la familiaridad de la necesidad de Jesús. Comprendían a un Jesús dormido. Cuando Jesús estaba despierto, enseñado, curando y apartando demonios, ellos no podían andar de autopiloto. Jesús acordado era siempre un desafío a sus ideáis preconcebidas de la vida. El hablaba de amor, pero lo interpretaba en acción por los samaritanos odiados. Él los forzaba a reinventar sus ideáis de dignar-se del amor de Dios. Él no dejaba que la paz fuera la responsabilidad de los en poder, pero responsabilidad de los deseando paz. Él no daba espacio a maniobras para evitar responsabilidad a Dios y los otros. Era cansado mantener-se al día con el último comentario de Jesús. Era cansado hacer sentido de las acciones de Jesús y avaliar todo lo que pensaban saber. Con Jesús dormido, podían descansar. Podían poner-se al día mientras pensaban sobre los últimos salvos de Jesús contra sus ideáis y nociones de teología y práctica adecuada. Sus cuerpos podían con los labores de navegar el barco al otro lado del lago. Mientras, sus mentes podían tomar refugio de la presencia aplastante de Jesús. Como padres de un chiquito tomando una siesta, podía descansar al seguir con las tareas mundanas de la vida, encontrando allí un alivio. Mientras Jesús descansaba, el viento aumentó. No era nada. Habían pasado muchos días en el lago en todo tipo de tiempo. Eran navegadores veteranos. Lo podían con el viento. Se instalaron a dar cuenta de las tareas para mantener el barco flotante y seguro. Al incrementar la tempestad, su actividad intensificaba. Adrenalina les daba energía que normalmente dormitaba, y continuaron a pelear contra el barco, los vientos y el agua. A poco rato, surgió el pánico. Esta tempestad no era como los cuales ellos estaban acostumbrados. Era demasiado para que lo soportasen. Repentinamente, la figura de Jesús dormido ya no era conforto. No hacía sentido de que Jesús podía dormir en un encuentro tan violento con las fuerzas de la naturaleza amenazando el barco y sus vidas. Las tareas mundanas de navegar el barco habían sido conforto en descanso de las gimnásticas mentales de mantenerse con Jesús. Con el incremento de la tempestad, el dormir de Jesús trajo una nueva serie de gimnásticas mentales, para los cuales ya no tenían fuerzas. Estaban perdidos. La vida ya no hacía sentido. La tempestad era el peor de su experiencia. Jesús dormía mientras el barco se llenaba de agua y quedaba en peligro de fundarse. Habían hecho todo que sabían, pero no estaban al par de la tempestad. En desesperación, uno de ellos eligió despertar a Jesús con la mala novedad. "Mestre, Mestre, nos estamos matando!" Normalmente traducimos el texto griego como "estamos muriendo," pero el verbo tiene un sentido reflexivo, indicando la posibilidad de que sus acciones estaban acercando sus muertes. Demasiados cómodos con buscar orientación de Jesús, había revertido a su antigua forma de acción. En el lago, ellos estaban en control. Ellos conocían el lago, los vientos, el agua y como navegar las tormentas. Era su territorio. No querían que Jesús se interfiera con este aspecto de sus vidas. Necesitaban de un refugio de su influencia y la incomodidad que sus palabras traían a sus vidas y sus expectaciones. Como resultado, era exactamente lo que estaba pasando—estaban matándose en su recusa de colocar sus vidas por completo en las manos de Dios. Estaban demasiado preocupados con su conforto para pelear con la realidad de quien estaba en el barco con ellos. "Mestre, Mestre, nos estamos matando!" Jesús despertó y reprochó al viento y agua. Siguió una calma. Sus próximas palabras destruyeron la calma. "¿Dónde está su confianza?" ¿Qué quiso decir con eso? Se antes estaban cansados de luchar con la enseñanza y acción de Jesús, ahora estaban perdidos al todo. ¿Estaba Jesús hablando de su confianza en navegar el lago bajo su propio esfuerzo, conocimiento y sudor? ¿Indicaba Jesús que su dependencia en Dios debería dejarles llamar autoridad divina para calmar a las aguas? El santuario de pelear con el lago se había convertido en amenaza contra sus vidas. No parecía que había descanso en el proceso de Jesús destrozar sus nociones de la realidad y como debía de relacionarse con Dios. No había salida del facto de que la vida y realidad no funcionaban de acuerdo con sus nociones preconcebidas. Otra cuestión surgió, demandando su completa atención. ¿Quién era Jesús, al final de cuentas? ¿Por qué los elementos se sujetaban tan rápido ante su reproche? No había cómo negar lo ocurrido. Los discípulos habían se acostumbrado a Jesús poco a poco, o lo habían tentado. Hacía tiempo que lo seguían, mirando-lo curar a multitudes, expulsar a demonios, perdonar pecados y resucitar a los muertos. Habían escuchado su predicación y enseñanza. Habían viajado con él, hablado con él y hecho todo tipo de pregunta en el esfuerzo de hacer sentido de su enseñanza. Habían peleado con escuchar las palabras de Jesús y relacionar-las a lo que habían aprendido de infancia. Ciertas cosas descordaban con todo que habían pensado. Ciertas cosas confirmaban lo que sabía, pero nunca habían visto practicar. Ciertos aspectos se oponían a la vida como la conocían. No había seguido a Jesús por acaso. Sabían que había algo de especial sobre él. Lo habían visto operar milagros. Reconocieron una calidad distinta de la autoridad de su enseñanza. Sabían que había algo diferente y especial en este hombre. Había evidenciado en sus palabras y acciones que Dios estaba presente en Jesús de una forma que jamás habían visto. Aún era difícil no forzar Jesús a encuadrarse en las expectaciones que tenían desarrollado por toda una vida. Uno que reprochaba ambos viento y agua estaba más allá de sus expectaciones. ¿Qué será de nuestras propias expectaciones? ¿Quién es este niño en el pesebre? ¿Cómo nos acercaremos a él? —©2009 Christopher B. Harbin | |
|
| |