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TheoTrek — A Journey with God in Discipleship | |
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Habitación Divina 2 Samuel 7:1-11, 16; Salmo 89:1-4, 19-26; Lucas 1:26-38; Romanos 16:25-27 Rev. Chris Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA 21 de Diciembre de 2008 La religión es algo interesante. Decimos que lo importante es la adoración a Dios, pero damos más interés a sus símbolos y formas que al Dios que decimos adorar. Hoy día hablamos mucho de la importancia de doctrina, pero cada cual tiene la suya propia. Decimos que las formas rituales tienen su importancia por su significativo, pero nos esclavizamos por su medio. Decimos celebrar y adorar a Dios presente en un pesebre en Belén, pero no dejamos que se haga presente en nuestras vidas. Dios quiere estar presente en nuestro medio. Realmente abrimos nuestras vidas que sean su habitación, o ¿no más así lo decimos por fórmula religiosa? David vivió en un tiempo con rituales religiosos distintos. Quizás queremos pensar que religión, ritual y culto eran más fluidos en su día. No había templo; no habían bancos con porta-himnarios; no había boletines dominicales, pianos, órganos, o casas de culto a cada cinco kilómetros. Aún no se habían creados agencias misioneras. No habían seminarios o casas publicadoras—ni centros de conferencias o literatura para la escuela bíblica dominical. La casa de culto a Dios aún era una tienda cuyo local de posada cambiaba con los tiempos. Había muchos padrones establecidos para el culto, en lo en tanto. El código mosaico definía como los sacrificios debían ser ejecutados, cuales animales era aceptables para cuales ofrendas y que no debían haber ídolos o imágenes en culto, bien como una serie de padrones para mantener el pueblo y el culto de ser ritualmente contaminados. Quizás no tenían los códigos formales de culto que encontramos en nuestro Pentateuco, pero tenían al menos una versión oral de lo mismo. David sabía tan bien como el otro israelita que habían muchos reglamentos en el culto, pero él también tenía algún sentido de que el culto era más que reglamento y ritual. A su cerne, culto era servir a Dios, no el agrupamiento para un ritual prescrito. Mientras David estaba enredado en sus tradiciones de culto, también buscaba nuevos padrones y formas de servir a Dios. Construyendo para Dios un local de habitación terrena estaba alto en su lista de prioridades. Podríamos llamar a David de innovador, yendo más allá de la tradición. Por siglos, Iavé no tenía templo. Su única habitación era el tabernáculo creado bajo el liderazgo de Moisés—un enorme pabellón que se cambiaba de localidad con el pueblo al viajar por la tierra inculta entre el Egipto y la tierra prometida a Abrahán. Había mucho ritual y simbolismo atado al Tabernáculo. Eso vino de un período de vida diferente entre el pueblo escogido de Dios. Hablaba de su identidad como gente seminómada viviendo en tiendas. Mientras vagaban, llevaban junto la tienda de la presencia de Dios. Dios estaba en su medio en una forma mucho más directa, al erguir el pabellón de Dios al lado de la nación peregrina. Mientras buscaban santuario, pastaje y agua para sus rebaños, Dios caminaba junto. Al encontrar nuevos espacios para alzar sus tiendas, la tienda de la presencia de Iavé iba junto. El tabernáculo era recordación visible de la presencia de Dios. La tienda de reunión de Iavé servía siempre para recordarles de quien eran y a quien servían. Al entrar la tierra prometida, ese símbolo de la presencia de Iavé se quedó demasiado lejos para muchos. Se sentaran en ciudades esparcidas por la tierra y ya no veían a Dios moviendo-se en su medio, estirando su tienda junto con lo demás del pueblo a cada búsqueda de pastaje y campamento. David respondió al cambio en la vida de Israel, argumentando por una habitación permanente para Iavé que reflejaría los tiempos. Vió como la vida había cambiado para Israel y quiso una estructura permanente para la residencia de Dios que reflejaría la transición del pueblo de seminómada a dueños de tierra sentada. Había un propósito en la residencia divina ser una tienda, pero como la nación había dejado tiendas para casas, Iavé no debería ser olvidado. David cuestionó como un pueblo podría servir y adorar a Dios, mientras relegaban su habitación a un padrón menor que aquel adoptado para si mismos. Él quiso hacer algo al respecto. Propuso la construcción de una edificación permanente para Iavé. Dios tenía otros planes. No había nada de mal con la actitud y el deseo de David. David reconoció que servir y adorar a Dios incluía hacer de Dios preeminente en la vida de uno. Él sentía la ironía de Dios habitando en una tienda mientras el pueblo habitaba casas de piedra, ladrillo y cedro. Sentía la inconsistencia de palabras y prácticas que no parecían colocar a Dios en el centro de la vida. Él quiso hacer algo más del punto de vista de estructuras de adoración y los mensajes presentados delante de todos. Mientras no había nada de mal con eso, Dios quiso algo mayor de lo que buscaba David. Dios quiso una habitación completamente otra. El edificio no era tan importante a Dios. Mientras David miraba a la estructura externa de culto en el tabernáculo, Dios miraba hacia el corazón, deseo y dedicación de David. Esta era la habitación del cual Dios estaba realmente interesado en encontrar y habitar. El tabernáculo era símbolo que declaraba con orgullo, "¡Dios está con nosotros!" Dios encontró el mismo mensaje blasonado en el corazón y la vida de David. Esto era la habitación que buscaba Dios. No visaba tanto un templo hecha de manos humanas, pero a residir en aquellos cuyas vidas proclamaban en voz alta la presencia constante de Dios. Esto es la razón que Dios eligió marcar su presencia en la vida y línea de David. Era el porque Dios vino a María, naciendo humildemente en Belén a unos 2000 años. La habitación de escoja divina era en un ser humano. El evangelio de Juan dice que en Jesús, Dios tomó carne humana, armando su tienda entre nosotros para revelarnos la presencia divina. Es aún la voluntad de Dios hoy. Dios desea vivir entre nosotros, no simplemente en estructuras hechas por manos, pero el nuestras meras vidas. Dios viene a nosotros como en la navidad, no para simplemente estar cerca, mas para vivir adentro de nosotros. Pablo declara el propósito de su venida y revelación es cambiarnos de dentro hacia fuera, trayendo-nos a la obediencia de la fe. Allí empieza la adoración real. Después del todo, no son paredes, rituales, ceremonias y tradiciones que los cuales Dios se interesa. Dios apreciaba el deseo de David en construir un templo. Lo que más apreciaba era el Templo que David ya había erguido—su vida a la disposición del comando divino y dedicado a la voluntad de Dios. Esto es adoración y culto real. No los adornos de observaciones religiosas, pero la edificación de una vida blasonada con la presencia y acción divina. ¿Cómo celebraremos esta navidad? Muchos hablan de mantener a Cristo en la navidad, pero quizás más importante es mantener adoración y culto. Necesitamos un culto que edifique una habitación para Dios en nuestras vidas. Además del todo, es el único tributo adecuado de adoración verdadera que Dios realmente desea. ¿Edificaremos un templo a Dios en esta navidad? —©2008 Christopher B. Harbin | |
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