Regresando a Dios

Jueces 4:1-7; Salmo 90:1-12; Mateo 25:14-30; 1Tesalonicenses 5:1-11

Rev. Chris Harbin, Central Baptist Church—Lowesville, VA

16 de Noviembre de 2008

El Día de Acción de Gracias llega rápido. Se nos descuidamos, lo pasamos de lado para hacer nuestras compras y celebraciones de la navidad. La presión económica en el mercado urge mucho a olvidar el dar gracias y pensar en las bendiciones de Dios. De facto, nos indican que debemos olvidar a Dios por completo y enfocar las cuestiones más fuertes de nuestro bien estar económico. Muchos sienten que están perdiendo todo lo que tienen. En el fondo, por lo tanto, sabemos que lo que llamamos nuestro puede no ser. Es de los de quienes tomamos prestado. En honestidad, la Biblia dice que nuestras vidas son préstamos. Estamos preparados a dar gracias a Dios, ¿mismo se esta mayordomía fuera requerida?

Antes del tiempo de David y los demás reyes de Israel, el pueblo vivía bajo jueces. Eran hombres y mujeres de Dios que ayudaban a la gente en comprender y aplicar la voluntad de Dios. Débora es la única mujer así señalada, pero el libro de Jueces dice poco del hecho de su posición como juez sobre Israel. No era polémica, era un facto. Ella era la persona que el pueblo procuraba para sentar sus diferencias y encontrar la dirección de Dios para sus vidas. Era la mensajera de Dios para aquel lugar y aquel tiempo.

Débora convocó a Barac en su posición de portavoz de Dios delante del pueblo. Había una tarea a se cumplir. La nación no había sido fiel a Iavé. Como resultado, habían sido vendidos por Dios como esclavos a un poder ajeno. Eran abusados y pagaban tributo a Jabín de Canaán. Después de 20 años de opresión y mal tratos, el pueblo clamó a Iavé, y Iavé estaba listo a librarlos de sus opresores. Mientras Dios estaba listo a actuar, no quiere decir que el pueblo estaba listo. Estaban aún decidiendo lo cuánto querían servir a Iavé. Estaban cuestionando la medida de su fe y confianza en Dios.

Por lo menos, eso es donde estaba Barac. Débora lo convocó a la llamada Palma de Débora. Su autoridad, aparentemente no estaba en duda. Él vino a su convocación al local donde el pueblo ya estaba acostumbrado a ir para juicio y discernimiento de la voluntad de Dios. Barac confiaba que Dios realmente hablaba a y por medio de Débora. Su preocupación y duda fue referente a su parte en la voluntad de Dios y acceso a su dirección. Dios llamó a Barac a salir de la rutina. A Barac no le gustó la opresión de su pueblo más que a cualquier otro. Estaba listo a ver a Rey Jabín y el ejército de Sisera con sus 900 carruajes de hierro eliminados de la vida de su pueblo. Estaba listo para libertad y para ver un nuevo día en Israel. Simplemente no estaba seguro del tener un papel activo en el proceso. No estaba seguro de ser el medio de la acción y redención de Dios.

Mientra Débora le llamó a acción, él estaba inseguro. "Yo iré se vienes conmigo. Confío en que Dios habla por ti. Quiero que tu estés allí por si acaso algo pasa mal." Él estaba preocupado, ansioso, incierto. Mientras tomaba la palabra de Débora confiadamente, quería la seguridad de su presencia. Diez mil hombres de Naftalí y Zebulón simplemente no sonaba ser mucho frente a los carruajes de hierro de Sisera. Estaba peleando con la idea de que Dios aplacaría la superioridad de los números y la fuerza de la oposición, así como Israel peleaba con la voluntad de Dios ser suficiente para sus vidas.

Él quiso confirmación visible de la presencia de Dios. Él quiso que otro se relacionase con Dios por su parte. Él quiso otra persona para segurar-le de la voluntad, del plan, y la acción de Dios. Confianza estaba en curta provisión. Relacionándose con Dios y sendo el medio de la salvación divina estaba más allá de su preparación. Algo sobre colocar su vida en las manos de Dios le hacía nervoso. Se él se colocara la vida en la línea, ¿cómo haría Dios? ¿Su vida realmente tenía significado en los trazos largos de la perspectiva divina?

En su esencia, el salmista dice que somos nada desde la perspectiva eterna. No somos más que un respiro pasajero, mismo que queramos ser mucho más. Nos gustaría ser el cerne del universo, pero sabemos que no lo somos. ¿Cómo pueden nuestras vidas tener significado real a Dios desde la eternidad? Es apenas en buscando la comprensión divina que podemos vivir de forma importe la vida.

Es desde la perspectiva divina en la eternidad que Pablo dice que debamos vivir en plena expectativa de estar en la presencia de Dios—como se Cristo viniera en gloria tan inesperadamente como un ladrón por la noche. Fuimos recientemente visitados por un ladrón. Estábamos acordados y sabíamos de su presencia, pero no de sus hechos. Al encontrar que artículos se habían desaparecido, pudimos trazar un hilo con el ladrón. Pudimos ver como nos faltó atención y preparo ante su robo. De cierta forma, es como tratamos con la presencia de Dios en nuestras vidas, ¿no? Sabemos que Dios está presente, pero actuamos como se no hace diferencia. No cambia nuestras acciones, hábitos, prioridades o rutinas. No dejamos que la presencia de Dios importe, y por lo tanto su presencia lo ignoramos.

Como uno de los esclavos en la parábola de Jesús referente a los talentos, vivimos como se a cargo de nuestras vidas—como se la propiedad de Dios fuera nuestra. Vivimos demasiadamente como se no tuviéramos responsabilidad o propósito a prestar cuentas. Sin alguna señal visible de la presencia de Dios, vivimos como se fuéramos abandonados a nuestros propios motivos sin la responsabilidad de mayordomos de Dios. Creemos que no habrá día de prestar cuentas por nuestras acciones y lo que hemos hecho con todo que Dios nos ha confiado. Actuamos como dueños de todo que controlamos.

Vivimos como se lo que realmente importa es el Sueño Americano, no el gran mandamiento y la gran comisión. Fingimos que e conforto y la seguridad son más importantes que un mundo necesitado y lejos del evangelio. Vivimos como se fuéramos nuestros señores. Ignoramos que todo que tenemos nos es confiado por Dios para sus propósitos, no nuestros. Nuestras meras vidas son para promover los propósitos de Dios, no para nuestra diversión. Olvidamos que ha un logro y una bendición más llena en servir a Dios que los placeres y sueños para los cuales vive nuestra sociedad. Es de esta perspectiva que fuimos llamados a vivir en Jesucristo.

Cuándo todo es dicho, ¿de qué somos dueños? Somos programados socialmente a creer que nuestro dinero y bienes nos pertenecen. Somos condicionados a tratar los ítemes bajo nuestro control como nuestra propiedad. No es esta la perspectiva de Dios. Somos mayordomos de bendiciones divinas. Quizás acción de gracias real ha tardado por demasiado tiempo.

Al llegar el Día de Acción de Gracias, quizás debemos dar más atención que de la norma. Ya es tiempo que pausemos a rumiar en todo que nos ha sido confiado. Es tiempo de pausar y reflexionar en lo que Dios quiere que hagamos con las bendiciones dados bajo nuestro control. Al envés de temer al ladrón de la noche que puede quitar nuestras posesiones, consideremos como investir los recursos de Dios para cumplir con su misión en el mundo.

La vida con todas sus bendiciones no es un regalo. Es un préstamo. Es el llamado de Dios a traer todo que nos ha sido confiado a cumplir los sueños de Dios. En el día de prestar cuentas, ¿que podremos mostrar de nuestra inversión? Será demasiado tarde se todo que nos resta es confiado a otro. ¿Cómo regresaremos a Dios? Cuando importa, ¿habremos respondido al encargo de Dios?

—©2008 Christopher B. Harbin

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